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La economía sumergida III

La economía sumergida III

9. APRECIACIONES INCORRECTAS SOBRE LA ECONOMÍA SUMERGIDA

La inabarcable variedad de actividades y situaciones reseñables dentro de la economía sumergida, conlleva generalizaciones peligrosas y afirmaciones rotundamente falsas. Si a esto se unen intereses políticos cargados de sesgos, se configura un caldo de cultivo para todo tipo de disparates. A continuación se examinarán algunos de los errores más difundidos:

9.1. La economía sumergida crea salarios bajos
La economía sumergida es un fiero competidor de la convencional y en muchos casos es indudable que reduce los sueldos. Con esta bajada, los salarios se acercan a su valor más justo en función del mercado. Ahora bien, el ajuste es pernicioso, pues el individuo sumergido no tiene los inconvenientes administrativos del emergido. Es decir, aunque el salario pueda aproximarse a uno más justo, la situación global del trabajador convencional es más injusta, al tener que soportar cargas y limitaciones que el otro no tiene. Se trata de una competencia desleal por la subsistencia y el poder adquisitivo.
No obstante, el recorte de salarios no es malo del todo, pues controla la inflación en cierta medida y reduce el riesgo de oligopolios, al permitir ofrecer productos y servicios a un precio inferior al estipulado.
Por otra parte, la creación de salarios bajos no tiene por qué ser intrínseca de la economía sumergida. Como se expuso en el artículo precedente, muchos trabajadores accederán a salarios más elevados que por la vía convencional.

9.2. La supremacía del empresario sobre el trabajador genera un contrato dictatorial
Esto es cierto sólo cuando se genera una situación de mono- u oligopolio (voluntario o involuntario) en cierta actividad sumergida. Es cierto que pueden darse unas condiciones perjudiciales para el trabajador, pero no lo es menos que éste suele disponer de una mayor flexibilidad. Así, no tiene por qué estar atado a un empresario explotador y, claro está, no todos los empresarios son explotadores. El contrato dictatorial más terrible se materializa cuando obligan al sujeto a desempeñar un determinado trabajo más próximo a la esclavitud que al empleo libre. Véase como caso extremo la trata de blancas. Es decir, cuando no se le permite otra opción laboral.

9.3. La economía sumergida no beneficia al estado ya que no declara impuestos
Es fácil comprender la falsedad de esta afirmación, pues existen actividades sumergidas que, al blanquear el dinero, hacen que un producto o servicio irregular termine cotizando. Quizás no tanto como debería, pero al menos cotiza algo. Por otra parte, una evasión inicial de impuestos puede hacer que una empresa crezca enormemente. De esta forma, es más factible que termine vigilada de cerca por la Administración, lo que dificultará su capacidad para vulnerar normas.
Sin embargo, esto no se puede generalizar: las PYMEs sumergidas sin ánimo o posibilidad de crecimiento siempre constituirán una lacra para el Estado. Algo similar ocurre con los trabajadores sumergidos que no aportan nada a la Hacienda Pública.

9.4. Estimula las actividades económicas ilegales
Hay que tener presente que los negocios que operan al margen de la ley integran la economía sumergida debido a su naturaleza transaccional. Es decir, el carácter de la actividad impide cualquier acuerdo legal y, ni tan siquiera, un mínimo contacto transparente con la Administración. Caso de haberlo, dicha actividad sería desmantelada de inmediato por ser ella el auténtico objeto de la prohibición y no la forma de ejercerla. Sería absurdo que un sicario diera de alta su oficio en la Seguridad Social o que pensara en declarar el IVA en función del tipo de muerte o paliza que le encarguen. Una vez aclarado este punto, pensar que es la propia economía sumergida lo que fomenta las actividades ilegales es un sinsentido completo. Lo que sucede es que la actividad ilegal es de lo más lucrativa, razón por la cual atrae a sus partícipes. El sumergimiento es sólo una condición necesaria, sin la cual la actividad no perduraría. Para verlo más claro, supóngase el espionaje industrial: es ilegal, sumergido y conlleva secretismo. Dicho secretismo es un requisito similar al del sumergimiento, pero ello no implica que transmita una falta de comunicación y un sigilo impenetrable al resto de la sociedad; o que promueva el espionaje industrial.

En otros casos, la actividad delictiva estimula una mayor ilegalidad por sus consecuencias y no por el mero hecho de integrar la economía sumergida. Por ejemplo, los robos de un drogadicto tienen su origen en la dependencia generada por los estupefacientes del narcotraficante y no porque éste se mueva en la economía sumergida. La cuestión es incluso más compleja, ya que la problemática del drogadicto tiene que ver también con otros factores, como: la adulteración del producto, la droga tomada, el entorno en el que se produjo el consumo, la genética del individuo, las causas que motivaron su acercamiento a las drogas, el alto precio de las mismas, etc.

Bien es verdad que en algunos casos hay riesgo de que la economía sumergida estimule otras actividades ilegales. Imagínese un defraudador de impuestos: si no le descubren, quizás consienta en asumir un riesgo mayor entrando en el tráfico de armas, el juego ilegal, etc. Mas esta posibilidad no es achacable al conjunto de la economía sumergida ni a todas las personas. A título de ejemplo, es plausible que alguien consiga que un moroso le abone su deuda mediante una paliza en defensa propia y opte por convertirse en matón profesional; o que un psicópata no peligroso mate a alguien por accidente y descubra un placer sexual inusitado, desatando al asesino en serie que lleva dentro; y hasta es posible que se de el caso de las películas de serie C en las que la amante despechada decide asumir el rol de viuda negra, eliminando a sucesivos maridos y amantes. Todas estas contingencias son factibles pero no sería razonable iniciar una guerra preventiva contra ellas. No existen medios suficientes y, de haberlos, se caería en el peligro de la dictadura: veces es preferible confiar en el ser humano.

En resumen, la economía sumergida (y sobre todo la clasificada como ilegal) puede inducir a la ilegalidad. Sin embargo, se pueden enumerar incontables factores que también propenden a ello: la pobreza, la desigualdad, la televisión, la falta de educación, la desestructuración familiar, los amigos, el alcohol, la inactividad, las taras psicológicas, acontecimientos traumáticos, etc. Los factores son legión y, al igual que la economía sumergida, no son decisivos.

9.5. Fomenta la inmigración y la explotación del inmigrante
Los inmigrantes normales (excluyendo redes mafiosas, delincuentes, etc.) no llegan a los países pensando en trabajar en la economía sumergida. Su propósito es mejorar el nivel de vida. La inmigración podrá ser bien recibida o resultar molesta, sin embargo es obvio que su meta última no es acabar sumergida. Por otra parte, salvo excepciones, los inmigrantes suelen encontrar unas condiciones de trabajo más favorables que en su patria. En caso contrario, regresan a su país. Otro tema es que caigan presa de alguna mafia que opere al margen de la ley o de algún empresario tiránico, asuntos comentados en el apartado 9.2.

A este respecto, debe entenderse qué es estar explotado. No es igual hablar de una explotación absoluta que de una relativa. En la 1ª, el individuo ingresa las filas de la miseria y sus condiciones laborales son denunciables. En la 2ª, el individuo se encuentra con unas condiciones duras o un mal salario, aunque ello no le impide tener una calidad de vida aceptable e incluso buena. Sería conveniente reflexionar sobre la explotación de los "temporeros" de la fruta, los camareros, los mineros, los pescadores y los becarios. Muy a menudo se encuentran miembros de estos colectivos que sólo se sienten explotados por ganar menos dinero y/o trabajar más que el vecino. Igual sucede con algunos inmigrantes, cuya cualificación es inferior a la de los habitantes del país al que llegan. En este caso tal vez se sientan explotados al no poder alcanzar determinados puestos, cuando la realidad es que quizás no sea apropiado que accedan a ellos.

Por otra parte, la economía sumergida puede constituir el único medio de subsistencia para los inmigrantes más desvalidos. Sin ella, ingresarían en la miseria o en la delincuencia.

9.6. La economía sumergida nos acerca a un mercado libre y justo
El que este tipo de economía esté menos intervenida y permita -en ocasiones- un ajuste de precios y salarios más real, no justifica dicha afirmación. Un mercado libre debe contar, entre otros aspectos, con la libertad de elección de todos sus integrantes y con la transparencia. Cuando una economía se divide en sumergida y emergida, es imposible hablar de una aproximación al mercado libre. La libertad de elección de sus actores no es igual ya que la competencia es imperfecta: unos se ven gravados por las autoridades administrativas y otros no; unos acceden a actividades crediticias y otros no; unos trabajan en varios empleos y otros no, etc. De la transparencia es mejor no hablar: si ya es deficiente en la economía convencional, en la sumergida constituye un buque insignia. Así pues, resulta disparatado o tendencioso confundir la economía sumergida con el libre mercado porque tengan unos pequeños puntos en común. Ni siquiera es una aproximación: son cosas diferentes e incompatibles.

9.7. La economía sumergida perjudica al trabajador al privarle de los beneficios estatales
La realidad suele ser completamente opuesta. El individuo sumergido tiende a aprovecharse de los beneficios del Estado: no sólo los directos, como los de la Seguridad Social, sino también de los indirectos (relativos a urbanismo, seguridad, medio ambiente, etc.) sin aportar demasiado a cambio. De hecho, es frecuente la compatibilización de un empleo emergido con uno o más sumergidos. Es entonces cuando se produce un mayor parasitismo del sumergido hacia el que no lo está.

Ahora bien, en los países menos desarrollados, donde la inmensa corrupción institucionalizada imposibilita un nivel de vida medio aceptable, la economía sumergida deja de ser una opción y se transforma en una necesidad.

Conclusión: los mitos y leyendas que rodean a la economía sumergida no son más que visiones parciales de un asunto complejo y polémico. Muchas afirmaciones gratuitas proceden de considerar a la economía sumergida como una única actividad con diversas facetas, cuando en realidad es una estructura económica paralela. Con sus rasgos comunes y diferenciadores respecto a la oficial.

 

10. CONTROL DE LA ECONOMÍA SUMERGIDA

Antes de proceder a cualquier control, hay que dilucidar si la economía sumergida es algo bueno o una simple lacra. En realidad, ni una cosa ni la otra. La economía sumergida tiene sus bondades y sus perjuicios. La determinación adoptada dependerá del tipo de nación:

- En un país poco desarrollado
Generalmente, la economía sumergida alcanza cotas altísimas. Sin embargo, actuar a fondo puede ser mas perjudicial que beneficioso. El Estado es incapaz de promover un nivel de vida, empleo e infraestructuras adecuados, por lo que la única solución para el individuo es buscarse la vida como pueda. Además, la corrupción imperante hace que el dinero recogido con los impuestos no se utilice en beneficio de la sociedad. Sus principales destinos son pagar la deuda externa y mantener una oligarquía cuya rapacidad es independiente de la ideología política. Por lo tanto, ante un panorama tan desolador, la economía sumergida (junto con la doméstica y la informal) es el único soporte para evitar una crisis humanitaria y económica peor a la reinante. Algo similar ocurre en las naciones desgastadas por un conflicto bélico o una posguerra.

- En un país desarrollado
Alcanza niveles menores e igualmente incuantificables. Una baja tasa de economía sumergida mejora el paro, favorece la actividad empresarial y descarga de obligaciones al Estado, sin menospreciar los inconvenientes nombrados en este artículo y en el anterior. Es por ello que algunos autores no dudan en defender que debe tolerarse la circulación de cierta cantidad de dinero negro. No obstante, nadie sabe cuánto hay en cada momento ni cuánto es el deseable. Por su parte, debe reconocerse que un control exhaustivo agotaría tantos recursos que sería peor el remedio que la enfermedad. Por consiguiente, el verdadero problema se da cuando la economía sumergida crece en exceso, deviniendo es un parásito implacable para la convencional y generando el círculo vicioso expuesto en la 2ª parte del ensayo. No menos peligroso sería el auge de determinadas modalidades de economía sumergida ilegal que aumentan la inseguridad ciudadana. Por ejemplo, las bandas mafiosas y los terroristas organizados.

Vistas ambas posiciones, es obvio que debe combatirse la economía sumergida al menos en los países desarrollados. Hay que evitar que se desborde y desintegre la economía oficial, aunque tampoco es adecuado diezmarla al 100%. Para ello es preciso actuar en 2 frentes distintos:

- Reduciendo la presión estatal
Las restricciones que impone la Administración son causa primordial de que mucha gente ingrese en las filas de los sumergidos. Tanto en aspectos fiscales como con prohibiciones, incompatibilidades, etc., se están añadiendo perturbaciones al mercado que dificultan la actividad del trabajador y del empresario. Bajar esta presión -no siempre justificada- es una medida que reduciría la economía sumergida. Al menos en teoría.

- Reforzando el régimen sancionador
Una vez aligerada la presión que ejerce el Estado, es imperativo orientar los esfuerzos hacia el régimen punitivo. Ya que el Estado ha optado por bajar en un primer momento sus ingresos (que a la larga serán mayores) y mejorar la libre competencia, no puede permitirse el lujo de que perduren las actividades clandestinas y egoístas de unos pocos. Hay que tener en cuenta que la codicia es intrínseca al ser humano y, por mucho que se afloje la intervención estatal, siempre habrá alguien dispuesto a sumergirse para ganar más que sus conciudadanos.

Ambas medidas deberán complementarse en pos de unos resultados satisfactorios. Aplicar una u otra por separado, siempre dejará una puerta abierta a que la economía sumergida entre en el desenfreno. Dicha situación no puede permitírsela un país con un nivel de desarrollo notable, so pena de tirar por la borda sus logros económicos conseguidos. En caso contrario, peligrará el nivel de vida de sus habitantes y el conjunto de la economía nacional.

 

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La economía sumergida II

La economía sumergida II

8. IMPLICACIONES DE LA ECONOMÍA SUMERGIDA

8.1. Implicaciones para los ciudadanos y el Estado
8.1.1. Distorsión de los indicadores económicos
Aunque la gran mayoría de los indicadores que miden la situación económica del país arrastran un error nada despreciable, éste es superior cuando la economía sumergida hace acto de presencia. Las perturbaciones más destacadas (que no únicas), son las siguientes:
- El PIB y la renta nacional se consideran inferiores a lo que son.
- El desempleo y la inflación se valoran superiores a lo que son.
El problema no se remite a esta alteración, sino a que el error se propaga a aquellos parámetros calculados a partir de los anteriores; y lo peor es que al no haber evidencia cuantificable de la economía sumergida, no se sabe en qué medida están falseados los datos.
8.1.2. Desviaciones entre objetivos y resultados de la política económica
En vista de lo anterior, los objetivos nacionales marcados para el ejercicio económico no se cumplirán, ya que los indicadores de partida no son fiables. Esta ineficacia de la política económica obliga a un mayor control por parte del Estado con el propósito de alcanzar las metas previstas. Para ello dispone de diversas herramientas, entre las que destaca en rapidez y eficacia la mayor presión oficial sobre el individuo: en forma de sanciones más elevadas, visitas al patrimonio más caras y -sobre todo- un aumento de los impuestos directos e indirectos. El sujeto sentirá dicho incremento y se verá más abocado a participar en la economía sumergida. De este modo se completa un círculo vicioso en el que la causa y la consecuencia se potencian en un bucle patológico.
8.1.3. Alteraciones en el funcionamiento del sistema económico
Una vez se ha entrado en la citada retroalimentación, unos ciudadanos estarán cada vez más perjudicados. Ello es debido a que las cargas económicas se cebarán con mayor dureza en aquellos que se nieguen a entrar en la economía sumergida. Su falta de oportunidad, su rectitud o su temor les impedirá encontrarán válvulas de escape alternativas, con lo que terminarán asfixiándose a sí mismos. Las consecuencias de este panorama son imprevisibles al ser imposible evaluar la economía sumergida. Puede haber huelgas, dificultad para cubrir servicios esenciales, estancamiento económico, etc.
8.1.4. Ligeras ventajas
Los ciudadanos obtendrán ciertos beneficios económicos, más a corto que a largo plazo. Por ejemplo: no tener que pagar el IVA, acceso a servicios y productos más baratos y/o no autorizados, etc.

8.2. Implicaciones para las empresas
Dependerá del grado de sumergimiento éstas:
8.2.1. Empresas completamente sumergidas
Muchas se incluyen dentro de la economía sumergida ilegal que se comentó en el apartado 5º del artículo anterior. Estas empresas obtienen pingües beneficios a corto-medio plazo por sus bajos costes productivos, la ausencia de competidores, la mayor libertad de actuación, etc. Sin embargo, el panorama a largo plazo no es muy halagüeño: la opacidad total de sus actividades les impide acceder a los mercados financieros: no obtienen créditos bancarios, no cotizan en Bolsa, etc., lo que dificulta su crecimiento en cierta medida. Por otra parte, el riesgo de tener que ocultar actividades ilegales es muy alto. De hecho, es tan elevado que puede ofuscar al empresario, bloqueando así su creatividad e induciéndole a cometer fallos de gestión; y si vivir con miedo es perjudicial, no lo es menos la posibilidad de que la autoridad competente desmantele la empresa de un plumazo. Es decir, el sumergimiento total es una alternativa muy rentable durante un corto periodo de tiempo pero no de por vida.
8.2.2. Empresas no sumergidas
Su situación respecto a las anteriores es de una seguridad superior a cambio de unos beneficios inferiores. Estas empresas se ven perjudicadas de no poder competir en igualdad de condiciones, ya que sus gastos son más elevados: la presión fiscal arremete contra ellas, cual martillo pilón, volviéndolas más rezagadas. 
8.2.3. Empresas parcialmente sumergidas
Es el caso más frecuente pues es raro el negocio que en algún momento no haya cometido una irregularidad en su beneficio, por pequeña que ésta sea. Esta actitud empresarial es la mejor opción de las 3: se asumen riesgos aceptables porque, al ser ligera la vulneración de las normas, es raro que se fijen en ellas. Por otra parte, esta pequeña ocultación proporciona determinadas ventajas sobre las empresas no sumergidas. Se trata, por tanto, de una modalidad con una gestión del riesgo más adecuada, lo que favorece su prosperidad a largo plazo.
Con lo expuesto en este apartado, no se pretende hacer una apología de la economía sumergida, sino exponer una realidad frente a la que no se debe mirar hacia otro lado, ni actuar bajo eufemismos ni medias verdades.

8.3. Implicaciones para los trabajadores
Hablar en términos absolutos supone caer en el maniqueísmo típico de este tema. Para evitarlo se tratarán diversos aspectos por separado:
- Condiciones laborales: en la mayor parte de los casos serán inferiores pues el empleado necesitado corre el riesgo de caer en manos de un empresario sin escrúpulos. Ello le puede suponer tener que trabajar en condiciones insalubres, sin las medidas de protección adecuadas, etc. Claro está, esto no es generalizable a cada caso particular: un empresario puede valorar en gran medida al trabajador sumergido y tratarle mejor de lo esperado.
- Salario: suele ser inferior al habitual, aunque depende mucho de la actividad realizada. Así pues, es raro que un narcotraficante situado en la parte más baja de la cadena de distribución no disponga de un sueldo más que aceptable en relación a la dureza de su trabajo. Lo mismo puede afirmarse de una prostituta de lujo que no declare sus ganancias a Hacienda.
- Riesgo legal: es el principal inconveniente de trabajar en la economía sumergida. Si te cazan es fácil que debas abonar una multa elevada, pierdas el empleo e incluso que pagues con penas de cárcel. Sería extremadamente raro que la sanción se limitase a una mera corrección de la situación laboral sin otras implicaciones. 
- Flexibilidad: es la ventaja más importante para el trabajador. Salvo que esté sometido a un sistema de explotación (extorsiones, esclavitud, etc.), podrá dedicar a su empleo el tiempo que más le convenga. De esta forma, cobrará más o menos según las horas dedicadas y el tipo de trabajo. Claro está, el beneficio más elevado se obtiene al compatibilizar actividades sumergidas y emergidas, de un modo similar a lo que sucedía con las empresas parcialmente sumergidas. Así, se aprovecha la cotización en la Seguridad Social, la ocultación al fisco, la compatibilización de más de un trabajo, etc. Además, la flexibilidad permite incorporar al mercado laboral a estudiantes, jubilados, etc., que de otro modo no tendrían acceso. En definitiva, la flexibilidad es capaz de suplir los bajos salarios, mejorando la renta absoluta del individuo y, sobre todo, de la unidad familiar.

8.4. En cualquier caso, existe una implicación que afecta a particulares, a empresas y al Estado: la dificultad para cobrar deudas. Los morosos que sólo perciben ingresos de la economía sumergida tienen gran facilidad para declararse insolventes. Como además les está vedada la financiación bancaria, no es raro que algunos se dediquen a solicitar préstamos sin ánimo de devolución.

 

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La economía sumergida I

La economía sumergida I

1. INTRODUCCIÓN

Escribir un ensayo sobre la economía sumergida supone un reto y caer en sesgos difíciles, si no imposibles, de evitar. El gran problema de su estudio se asienta, entre otras razones, en:

A. La dificultad para definir unos límites que encuadren a la economía sumergida con claridad. A este respecto, no hay un acuerdo común en cuanto a incluir dentro de la misma a la economía delictiva, a la doméstica, a la informal, etc. Además, algunas actividades productivas entran dentro de la economía sumergida en determinados aspectos pero no en otros. Por si fuera poco, lo que en un momento dado se consideraba economía sumergida, puede no serlo a partir de cierta fecha, etc.

B. La controversia que envuelve a gran parte de los ensayos. Así pues, la economía sumergida es apreciada de un modo distinto por liberales y planificadores, por derechistas e izquierdistas, por las personas de moral supuestamente recta y las que operan al margen de la ley, por individuos poco apegados a la economía sumergida y aquellos que dependen de la misma, por ciudadanos de diferentes países, etc.

C. La imposibilidad de hacer análisis con cálculos fiables. Es lógico que al ser una actividad oculta, como su nombre indica, sea imposible validar las estimaciones que se hagan de ella. Este aspecto se tratará, pormenorizadamente, en el apartado 7º.

Los hándicaps mencionados complican cualquier intento por emprender ensayos serios sobre un tema tan peliagudo. El propósito del autor es desatarse de ideas preconcebidas, para fraguar un tratado breve que no desmerezca en transparencia y objetividad.

 

2. DEFINICIÓN

La economía sumergida es toda actividad económica, o conjunto de ellas, que vulnera alguna norma. Esto implica que puede vulnerar una sola norma, varias o todas las concernientes a dicha actividad.

 

3. DINERO BLANCO Y DINERO NEGRO

Cuando se habla de economía sumergida, es casi inevitable relacionarla con el famoso dinero negro. Sin embargo, no todo el mundo tiene claro su significado, por lo que no vendrá mal explicarlo: el dinero negro es "aquel que procede de una actividad económica sumergida", en contraposición con el blanco, que deriva de las transacciones que no vulneran ninguna norma. El adjetivo "negro" aplicado al dinero es un término desafortunado, de corte racista y muy poca especifidad: el origen de la expresión "dinero negro" hacía alusión al dinero de los negros, que muchas veces se suponía falso. Por consiguiente, el dinero negro era, al principio, el "dinero del negro". En contraposición, el dinero blanco era el dinero fiable, el auténtico: el "dinero del blanco". Por otra parte, la inespecificidad radica en que un mismo dinero puede ser blanco y negro en distintos momentos, o ser en parte blanco y en parte negro. El color que se atribuye al dinero está íntimamente ligado a la cualidad cromática del proceso productivo. El paradigma siguiente lo ilustrará con claridad: la fabricación de unos zapatos puede empezar con la piel de un animal cazado ilegalmente en un determinado país y continuar en otro, incorporando cordones, suelas, plantillas, elementos metálicos, etc., dentro de un proceso legal. Si entre los 2 países que transcurre el proceso de fabricación no hay acuerdos reguladores al respecto, los zapatos empezarán siendo negros y terminarán blancos. Es decir, el flujo de dinero que acompaña al proceso productivo habrá cambiado de color en consonancia con el mismo. Cuando el paso es de negro a blanco, como en el caso del calzado, la acción se denomina "blanqueo de dinero". Consiste en que un sujeto realiza una actividad que cumple las normas establecidas, vinculando a ella un medio de pago no regulado ("negro"). Dicho medio de pago no siempre es fácil de ver. En los zapatos, al sufragar la actividad ilegal de la caza, su transporte, etc., se está abonando -indirectamente- una parte de los costes de producción, mediante actuaciones ilícitas. Fabricar los zapatos en un taller clandestino en sus etapas iniciales; pagar a los trabajadores (o la maquinaria) con dinero obtenido de la extorsión u otros fondos negros, etc., también serían formas de blanquear el dinero. Tras el ejemplo, es sencillo comprender que el término "dinero negro" es poco específico y tal vez irreal, ya que lo que cambia de color es la situación del poseedor. Con independencia del blanqueo, el dinero también puede pasar de negro a blanco cuando se modifica la realidad económica. Es lo que sucede al legalizar la venta de algún producto.
Del mismo modo, existe el caso contrario: que el dinero blanco se transforme en negro, como ocurre con el tráfico ilegal de armas. Una pistola puede ser fabricada en una industria autorizada y terminar expedida al denominado mercado negro: el proceso productivo empezó blanco y terminó negro, ya que la mercancía desembocó en un mercado contrario a las normas oficiales.

A pesar de lo expuesto, no debe confundirse lo negro con lo delictivo. Un empleado que -ganando mucho o poco- trabaje sin un contrato (o con uno anómalo), estará en negro aún cuando su trabajo no suponga explotación ni conlleve delito alguno. Es el llamado "empleo oculto", que no tiene por qué estar relacionado con la delincuencia.

 

4. OTRAS ECONOMÍAS NO CONVENCIONALES

Aunque la economía es única, existen modalidades de la misma que escapan a la reglamentación administrativa. Con frecuencia se las equipara a la economía sumergida, sin considerar que tienen unas características diferenciadoras propias:

4.1. Economía informal
Es aquella que se ampara en un vacío legal (ausencia de regulación) o en la que el Estado hace la vista gorda, dejando la regulación en manos de individuos particulares o de redes mafiosas. Se establece cuando el Estado carece de medios de control suficientes, ya sea por corrupción o porque es incapaz de garantizar un servicio. La economía informal, también llamada "la otra economía", es propia de los países menos desarrollados. Su principal diferencia con la sumergida es que no vulnera ninguna norma, sino que actúa cuando la norma no existe, presenta huecos o es poco clara.

4.2. Economía doméstica
Es aquella que transcurre en el entorno familiar o entre compañeros, amigos, etc. Es decir, se basa en la confianza mutua y sus actividades son de préstamo, trueque, favores personales, ayudas, etc. En ocasiones se aproxima a la economía sumergida pero sin violar normas.

Tanto la economía sumergida como estas otras dos economías no convencionales, proliferan enormemente durante los conflictos bélicos. De hecho, a menudo superan en importancia a la economía oficial.

 

5. TIPOS DE ECONOMÍA SUMERGIDA

Establecer una clasificación según la actividad desempeñada por el empresario o el trabajador es una tarea imposible. Es preferible hacerlo en función de las connotaciones delictivas de dicha actividad. El método no es exacto pero sí sencillo de comprender y asimilar. Se distinguen:

5.1. Economía sumergida completamente ilegal
Es la que se basa en una actividad económica al margen de la ley. Destacan las siguientes modalidades: prostitución, narcotráfico, extorsión, secuestro, asesinato por encargo, tráfico de seres humanos, pornografía infantil, estafa, caza ilegal, etc. Es obvio que no se puede meter todo en el mismo saco, pues unas actividades pueden ser legales en unos territorios e ilegales en otros. Por ejemplo: la prostitución es admitida en unos países y no en otros; algunos permiten la venta de ciertas drogas, mientras que otros prohíben incluso su tenencia, etc. En este caso de las drogas, la situación puede ser legal o ilegal según el tipo considerado, la venta conjunta de determinadas drogas legales, el lugar en el que se efectúe la venta, etc. Es decir, las implicaciones delictivas son muy variables, lo que resta exactitud a esta clasificación.

5.2.  Economía sumergida legal con algún aspecto irregular
Es la que consiste en una actividad económica que no atenta contra la ley pero en su desarrollo vulnera alguna norma. Cabe mencionar: el empleo oculto, no declarar el IVA, vender algunos productos fabricados en la clandestinidad, etc. Al igual que ocurría con la variante anterior, existen muchas actividades difíciles de encuadrar en este grupo. Por lo general, la economía sumergida legal es menos dañina para la sociedad que la ilegal, aunque no se puede generalizar.

 

6. CAUSAS DE LA ECONOMÍA SUMERGIDA

La economía sumergida ha existido desde tiempos inmemoriales, acompañando al ser humano a lo largo de su viaje por la Historia. Afirmar la existencia de una única causa última -como señala más de un autor- es una actitud tan sesgada y simplona que hace sospechar de intenciones poco honradas.

Una causa bastante aceptada es la regulación, fiscalización y restricciones que imponen los gobiernos. Cuanto más presionen al empresario y al trabajador, mayor será su tentación de buscar beneficios y medios de subsistencia no convencionales. Ante crisis económicas, fraudes políticos, conflictos bélicos, etc. que perjudiquen al individuo, más se agudizará su necesidad de acudir a la economía sumergida. Ello se debe a una merma considerable de su capacidad para afrontar las limitaciones impuestas por el gobierno. Además, en estas tesituras extremas el afán recaudatorio del Estado suele desbordarse, generando unas desigualdades sociales de magnitud inusitada.

Sin embargo, sería absurdo culpar de todo al Estado. Hay que contar también con que la maximización de beneficios es intrínseca al ser humano, y que en ciertos individuos está especialmente desarrollada. La codicia es una cualidad ubicua, por lo que no sería de extrañar que en un país con una ínfima presión administrativa, también aparecieran sujetos que intentasen evadirla, por escasa que ésta fuera. Para muchos, la única solución segura al 100% sería la supresión del Estado. Sin embargo, la experiencia histórica demuestra que es una entelequia imposible de llevar a la práctica. 

Por otra parte, cualquier forma de gobierno que cuente con un Estado razonable, deberá afrontar problemas como la extorsión, el asesinato por encargo, etc., que jamás abandonarán la economía sumergida. En estos casos, los implicados no pretenden alejar los beneficios de las garras del sistema tributario, trabajar más de lo estipulado, etc., sino mantener una actividad lucrativa que perjudica gravemente a terceros y a la sociedad en su conjunto. Sobra decir que cualquier reducción significativa en las regulaciones económicas de la Administración, caería en un saco roto.

 

7. CUANTIFICACIÓN DE LA ECONOMÍA SUMERGIDA

Es imposible conocer qué porcentaje del PIB equivale al capital movido por la economía sumergida, a cuántas personas sustenta, qué sexo se ha incorporado más a la misma, en qué medida afecta a cada sector productivo, etc. Todas las estimaciones al respecto son falsas, por muy prestigiosa que sea la institución que las lleve a cabo. La razón es que es infrecuente que las personas integradas en la economía sumergida deseen dar a conocer públicamente su situación. Además, los testimonios de los testigos ajenos a  las actividades sumergidas tampoco son fiables, pues a menudo tienen una visión limitada del asunto.

Por consiguiente, los cálculos realizados partirán de cifras, que:
- En caso de tomarse al pie de la letra, implican generar análisis con sesgo a la baja. La razón es que los datos ocultos no ingresan en las estadísticas. Sin embargo, es infrecuente que alguien no "sumergido" afirme estarlo.
- En caso de aumentarse artificialmente, caen en la arbitrariedad más absoluta. Si se inflan las cifras, presuponiendo que son inferiores a las reales, es posible que queden muy por encima o por debajo del dato real.

En ambos casos, lo más lamentable es que se desconoce en qué medida están erradas las estimaciones. Al ignorarse qué error acompaña a los resultados, no es factible tener ni una somera idea del tema.

Ahora bien, hay cosas que sí que se pueden saber con sentido común y una mínima observación, por ejemplo:
- En los países menos desarrollados suele tener más peso la economía sumergida.
- La economía sumergida no es una fantasía de la que se hable por hablar. Existe y, en mayor o menor medida, casi todos han participado en la misma: no pagando el IVA en algún servicio, trabajando sin cotizar, etc.
- En las naciones sometidas a férreas dictaduras planificadoras, la economía sumergida tiene menos oportunidades de florecer. Habrá un desarrollo mayor de la economía informal y de la doméstica, pero no de la sumergida.

 

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