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Ciencias Sociales

La información insalubre VIII: nuevas perspectivas de protección

La información insalubre VIII: nuevas perspectivas de protección

Con esta parte finaliza el ensayo sobre la información insalubre. Como no podía ser de otra manera, se plantearán unas cuantas soluciones alternativas para reducir sus efectos deletéreos. Es casi seguro que el problema acompañará a la humanidad durante toda su Historia pero ello no es un impedimento insoslayable para confinarlo a unos límites más aceptables que los actuales.
Las nuevas medidas harán hincapié en el receptor de la información a título individual, por un lado, y en el resto de la sociedad y autoridades competentes, por otro. No se pretende que sustituyan a los mecanismos de protección presentes sino que los complementen de la mejor manera posible.

1. Protección centrada en el receptor
El mítico Sherlock Holmes -personaje inigualable de Conan Doyle- ya nos introducía en las bondades de reconocer la desinformación para eludirla y obrar con acierto. Es muy significativa su frase "lo importante es separar lo que son hechos absolutos e innegables de lo que son fantasías creadas por reporteros y gente interesada". Como el lector observará, su máxima sintetiza bastante bien el propósito de esta última parte y del apartado actual en particular.
Siguiendo dicha línea, se enunciará una serie de propuestas que afinen el juicio crítico del receptor frente a la información que adquiere. Con ello se pretende la autodefensa del individuo ante los mensajes nocivos recibidos. Algunas recomendaciones al respecto son:
1.1. Toma de conciencia
Es el primer paso para combatir la información insalubre y, sin duda, el más importante de todos. Se basa en tener claro el problema y saber que la toxicidad informativa es un hecho real y frecuente. No se busca que el individuo actúe como un incrédulo radical, sino que adopte una actitud razonablemente escéptica ante la información que recibe. Cualquier mensaje puede ser insano y digno de sospecha, lo que no quiere decir que deba estar errado o exija una negación sistemática. Es suficiente con admitirlo como una idea más en nuestra constelación de pensamientos. Después ya averiguaremos qué grado de certeza nos aporta. Conviene pues, no valorar las ideas sólo por el argumentante y/o el contexto en el que se enmarcan, e intentar elucidar qué nos dan a entender. En realidad es mucho más difícil de lo que parece. 
1.2. Aumentar la Cultura
La Cultura es quizás la herramienta más poderosa frente a la información insalubre. De hecho, es -junto a la memoria- una cualidad infravalorada en detrimento de la creatividad, el ingenio y otras virtudes intelectuales que, aun siendo muy positivas, a menudo constituyen el refugio idóneo del mediocre. En este contexto, el término "Cultura" alude al conjunto de conocimientos que permiten desarrollar un juicio crítico al individuo. Ello implica que una persona no es más culta por tener más conocimientos, sino por contar con los apropiados para actuar de la mejor manera posible. No es preciso ni deseable que sea una enciclopedia viviente, sí lo es en cambio que disponga de suficiente capacidad razonadora y flexibilidad en el aprendizaje, gracias a la adquisición de múltiples perspectivas, vivencias, informaciones, etc. Por supuesto, no se trata de apostar por la homogeneización cultural, sino por tener presente que existen conocimientos que no aportan nada -o casi nada- al juicio crítico del individuo, mientras que otros lo enriquecen en distinta medida. Aquéllos son simples curiosidades que rara vez generan una transformación cognitiva global y profunda, sólo una mera satisfacción informativa o de ciertos instintos. Son mensajes puntuales que no se agregan para cristalizar una mínima Cultura en el individuo. Le serán de gran utilidad en el desempeño de una labor, en la obtención de determinadas emociones puntuales, etc. pero no para consolidar su Cultura. Por ejemplo: ver una misma película o leer un mismo libro 30 veces resultará gratificante, divertido o enfermizo, sin embargo es muy probable que su aportación cultural sea despreciable. Máxime si es una obra de baja calidad. Es evidente que dicha contribución dependerá mucho del receptor (su nivel intelectual, experiencias pasadas, condicionamientos morales, etc.) y del medio en el que se dé la transmisión informativa.
La Cultura entendida del modo expuesto procede de diversas fuentes, entre las que destacan las siguientes:
1.2.1. Diálogos con personas que de verdad aporten algo interesante
Para ello es preciso escuchar a aquéllas más duchas que nosotros en ciertos temas, ricas en vivencias, originales, efectivas en su actuación, etc. Es conveniente huir de los necios, muy a menudo ocultos bajo la prepotencia, y de determinados sujetos que -sin serlo necesariamente- conducen a una actitud negativa ante la vida, poco apropiada para el aprendizaje. Sin ir más lejos, frenando las posibilidades de mejora, empleando la burla (o la ironía) sin motivo, no admitiendo discusión en temas susceptibles de debate o adoptando una postura destructiva e insana ante los demás. Estas personas apenas aportan nada valioso, ni para ellas ni para los que les rodean. Por lo general, no merecen ser tomadas en serio.
El diálogo constructivo con el prójimo es un método barato y efectivo de adquirir Cultura. Por desgracia está muy denostado en las sociedades desarrolladas y no es raro observar cómo se desaprovecha una y otra vez. Es preciso considerar también que algunas patologías de la personalidad -como las psicopatías y las neurosis- dificultan bastante, o imposibilitan, el alcance de esta opción.
1.2.2. Lectura variada  
Leer permite adquirir conocimientos complejos con un asentamiento mayor que si procedieran sólo de fuentes visuales o sonoras. Si bien es verdad que una imagen vale más que mil palabras, también lo es que mil palabras fijan mejor una idea que una simple imagen. La lectura requiere una actividad mental superior y permite reflexionar más sobre el mensaje. Ello es debido a que facilita ir analizando y comprendiendo la información que se recibe.
Ahora bien, la aportación de la lectura a la Cultura queda prostituida cuando se orienta a la consecución de un objetivo sin prestar atención a posibles alternativas. Por tanto, la lectura no debería ser unidireccional sino abierta. Es deseable no centrarse siempre en un mismo tipo de lecturas o autores. Atender a posiciones opuestas e intentar comprenderlas es un ejercicio de lo más saludable. Tal vez refuerce nuestra impresión inicial o nos plantee que no era tan sólida como creíamos. Un ejercicio muy saludable es comparar y analizar lecturas de diferentes ideologías.
1.2.3. Viajar
Visitar otros países y/o regiones tratando con sus habitantes ayuda a considerar y entender incentivos, motivaciones y perspectivas que nos resultan ajenas. El viaje no debería limitarse a una ruta turística paisajística o monumental. También es preciso dialogar con las personas de los lugares visitados para saber cómo piensan. Hay que conocer de 1ª mano su cultura popular a través de las vivencias, costumbres, símbolos, arte, etc. que la caracterizan. Es decir, se debería intentar formar parte del viaje emprendido con el fin de sacarle el máximo provecho. Imaginemos unas vacaciones en un hotel fabuloso, dotado de grandes lujos y situado en un país de ensueño, pero del cual nunca saldremos por disponer allí de grandes comodidades y diversiones a buen precio. Este tipo de viajes existen y están muy de moda. En opinión del autor, se trata de  "semicárceles" de oro para protegernos de las prácticas deleznables de las personas situadas fuera del complejo, generalmente de menor estatus social. Nos defienden de sus posibles robos, no les permiten "ofendernos" con su miseria, no les dejan vendernos alimentos que atenten contra nuestra salud ni transmitirnos enfermedades infrecuentes, etc. Son una magnífica expresión del riesgo cero en el extranjero. Es posible que constituyan una experiencia maravillosa (o eso dicen sus promotores) pero apenas contribuirán a mejorar nuestro juicio crítico.
1.3. Pensamiento crítico selectivo
Está íntimamente ligado a la Cultura. Como es imposible abarcar toda la información que se pone a nuestra disposición, es prudente recurrir al argumento de autoridad bien entendido y a la selección razonada y razonable de la información. De este modo, es preferible optar por fuentes de mayor peso que por aquéllas derivadas de las mismas e intentar obtener las mejor actualizadas al amparo del rigor informativo. Por ejemplo, si se desea conocer los planteamientos de una ideología política lo ideal es acudir antes a aquéllos que la cimentaron que a los que efectuaron sus desarrollos posteriores, a menos que sus planteamientos actuales sean más relevante para la comprensión o actuación ante la realidad vigente. Otro caso paradigmático consistiría en desentrañar el funcionamiento de una tienda de ultramarinos. Para su consecución es preferible acudir al propio tendero que a un teórico económico, el cual -a pesar de sus grandes conocimientos- carecerá de la instrucción de campo necesaria para llevar el negocio a buen puerto.
De esto se deduce que es preciso seleccionar bien las fuentes y los maestros, aplicando todo el sentido común, imparcialidad y honradez posibles.     
1.4. Pensamiento lógico y científico
Al igual que en el caso anterior, se le ha concedido un apartado independiente de la adquisición de Cultura. En realidad tanto uno como otro podrían ser la herramienta, la consecuencia e incluso una parte intrínseca del proceso. El motivo de tal escisión obedece sólo a reseñar su especial importancia.
Un buen comienzo consistiría en someter a contraste todas las hipótesis que se presentan y reducir los problemas complejos a sus partes más sencillas. Es lógico suponer que su aplicación metódica a la mayoría de las situaciones cotidianas sería un acto absurdo y casi patético pues diferentes perspectivas pueden ser igualmente válidas, incomparables y/o incontrastables. Es por ello que no se debe ir en busca de verdades absolutas (de validez universal e indiscutible) o de una objetividad plena en casi ningún asunto. Lo máximo a aspirar es tener vocación de objetividad. Saber que no todo es subjetivo (como algunos afirman) pero que tampoco es objetivo al 100%. Una solución aceptable pasaría por adoptar determinadas referencias a la hora de actuar. A menudo éstas no serán contrastables ni ciertas, quizás se remitan a meras arbitrariedades. En este caso, lo importante es que sirvan para fundamentar un desarrollo de gran validez. Por consiguiente, habrá que aplicar con destreza el criterio de objetividad y el de utilidad, dando una preponderancia adecuada a cada referencia en el suceso o conjunto de sucesos considerado y, por supuesto, conociendo nuestras limitaciones.    
A su vez, el análisis lógico debe contemplar 2 vertientes: las formas argumentativas y la estructura del contenido que éstas envuelven. Nadie es capaz de tratar ambas con la misma eficacia, mas no se deberá excluir ninguna en la evaluación de los argumentos.
1.5. Flexibilidad en el aprendizaje
Es una cualidad muy difícil de desarrollar y en cuya modulación es posible que intervenga un componente genético.
La flexibilidad en el aprendizaje es considerada por algunos etólogos un distintivo inequívoco de inteligencia, por desgracia es un bien escaso en determinados seres humanos. Unos se aferran por sistema a ideas equivocadas, mientras que otros se pasan la vida agarrándose a clavos ardientes y a prejuicios diversos para sostener elucubraciones disparatadas. Estos individuos -abanderados con el dogmatismo, la superstición, el fanatismo y la incredulidad extrema- resultan de lo más nocivos para el progreso de la humanidad. Muy a menudo consideran enemigos a los que dejaron de pensar como ellos, difirieron en ciertos aspectos o abrazaron una línea argumental paralela.
La falta de flexibilidad en el aprendizaje es una tara que puede tener un origen tanto genético como ambiental o, seguramente, mixto. La situación alcanza matices dramáticos cuando el individuo no padece enfermedad alguna y se niega a reconocer su actitud. La complejidad de la misma se debe que la falta de flexibilidad en el aprendizaje no sólo se relaciona con disfunciones cognitivas, sino también con rasgos relativos a la autoestima, a la sensación de vergüenza, la tolerancia al fracaso, etc. 
1.6. Memoria
La memoria es una de las cualidades más denostadas en las culturas occidentales. Muchas veces al que es inteligente se le degrada a simple "memorión" o "empollón". En estos casos se relega al individuo a la categoría de imbécil, partiendo de que usa la memoria en detrimento del razonamiento. En ocasiones será cierto, pero no tiene por qué haber una relación de causalidad o exclusión. Esta actitud es típica de los vagos y de aquéllos que gustan de razonar al amparo de la denominada "idea feliz", siendo incapaces de elaborar un razonamiento complejo. Entre otras cosas porque éste implica el uso de la memoria. Es triste que muchos sujetos pequen de ignorancia al separar la inteligencia de la memoria cuando son elementos intrínsecamente ligados. Al igual que ocurre con la capacidad razonadora y las emociones, la memoria es un complemento esencial de la inteligencia. Ello lo demuestra la existencia de algunas personas diagnosticadas de trastorno "borderline" por padecer graves deficiencias memorísticas, aun cuando sus restantes capacidades psíquicas están intactas. Por no mencionar que hay individuos que, a pesar de ejecutar razonamientos impecables, pueden tacharse de auténticos estúpidos al no ser razonables. Parte del error quizás surja de asimilar la pericia de cálculo o el nivel matemático a la capacidad razonadora del individuo.
Ahora bien, la memoria individual no es la única sometida a un acoso y derribo por parte de los mediocres. También lo es la memoria colectiva o social. De este modo, es común que las sociedades padezcan amnesias repentinas -trufadas con recuerdos selectivos- en las que unos datos y acontecimientos parecen haber desaparecido de su horizonte de sucesos. Esto conlleva simplificaciones irracionales, reducciones al absurdo, sesgos evitables, distorsiones de la realidad y dificultades en la adopción de comportamientos constructivos.

2. Protección a través de la sociedad y autoridades competentes
Si bien la actuación reflexiva del individuo es el mejor escudo frente a los mensajes tóxicos, el ser humano no es infalible y nunca podrá estar completamente a salvo de los mismos. Es por ello que cabe admitir una cierta justificación en el desarrollo de actuaciones de gran calado y amplitud que mitiguen el problema
2.1. Refuerzo legal
Como se explicó en la entrega anterior, la implementación de una normativa que proteja de la información insalubre al ciudadano es ineficiente e ineficaz, según el caso. Actuar con precisión de cirujano acarrearía la adopción de prácticas totalitarias.
La situación es compleja sobre todo por la escasez de buena voluntad política y de independencia judicial absoluta. El mayor peligro de la regulación administrativa está en abogar por unas normas férreas que vulneren la libertad de expresión. No tanto en la preocupación por el cumplimiento de unas cuantas reglas efectivas en la defensa del ciudadano. Quizás fuera conveniente penalizar con mayor rigor a aquellos medios que transmitieran noticias manifiestamente falsas, ya sea por negligencia o intencionalidad. El castigo impuesto hoy en día suele basarse en una rectificación que rara vez trasciende y en alguna que otra sanción económica fácil de asumir. Es obvio que la situación es incoherente. La incongruencia estriba en que los medios de información son empresas con una enorme ventaja sobre el resto pues, a pesar de que perjudiquen a terceros con engaños, apenas serán penalizadas. Así, si una empresa alimentaria produce una toxiinfección leve (o existe el riesgo de que la ocasione), puede recibir una sanción económica terrible; si una empresa juguetera fabrica un producto peligroso, también. En cambio, si un medio de comunicación promueve la condena de un inocente, la muerte de miles de personas o el engaño más atroz… ¡No le ocurre casi nada! Ello se debe a que estas sociedades no actúan como las demás sino que tienen una fuerte vinculación con los partidos políticos (estén en el poder o puedan llegar al mismo), una enorme capacidad manipuladora y la controvertida categoría de 4º poder. Estas razones les aportan un trato muy benévolo frente a las demás iniciativas privadas. Si una empresa contamina el medio, por lo general, paga (aunque no siempre). Por el contrario, si un "medio de intoxicación" contamina la mente, no paga. O paga muy poco. De este modo, las externalidades negativas de las empresas informativas jamás se intentan corregir aun estando entre las más sangrantes. Es decir, mientras que las de otras empresas se miden con vocación de objetividad, las de los mass media caen en el subjetivismo más absoluto. Por ejemplo, todos sabemos que no es lo mismo decir que a una manifestación ha asistido 1 millón, que 2 o que 300.000 personas. Pero aquí todo vale. Rara vez se habla de estimaciones y, con frecuencia, se afirman datos inventados (no ya difíciles de obtener, sino "sacados de la chistera") con una rotundidad pasmosa. ¿Por qué si se demuestra que una cifra ha sido falseada o comunicada de manera tajante y sin contraste no puede aplicarse una sanción ejemplar aun existiendo una evidencia matemática irrefutable? Si se demuestra un engaño objetivo en la auditación de una empresa que cotiza en Bolsa, se puede imponer una multa elevadísima o incluso el cierre de la auditoría, pero no así a un medio de información.
Y no sólo eso, ¿por qué cuando una serie de medios de comunicación derriban a todo un subsector económico, las medidas tienden a reajustar o eliminar el sector en vez de corregir la actividad fraudulenta y demagógica del medio? Es evidente que la solución más cómoda es la 1ª ya que así muchos políticos, empresarios y otros actores (pequeños en número pero poderosos en influencia) reciben el beneplácito del medio, le agradecen su protección, se aseguran un apoyo futuro, etc. Así pues, una solución pasaría por independizar el poder judicial de todos los demás -al menos en lo posible- e imponer sanciones eficaces. Sin ir más lejos, estableciendo multas cuyas cuantías estén muy relacionadas con los niveles de producción o incluso mediante ceses temporales de la actividad para casos de extrema gravedad. Dichas medidas pueden parecer radicales pero se está aplicando en numerosas empresas con absoluta normalidad. Por otra parte, los mass media financiados públicamente deberían ser tratados de un modo similar a los privados en la imposición de sanciones. Para evitar que una vez multados recibieran de nuevo el importe de la sanción "por debajo de manga", se podría repartir la cuantía de la multa entre otros medios que no falsearan al respecto o, mejor aún, entre los perjudicados por la noticia fraudulenta o por otras pasadas si no quedaron bien indemnizados. Habría muchas alternativas a estudiar.
A día de hoy, la gravedad de la situación no es nimia: los medios de comunicación tienen pocos incentivos para atenerse a la verdad y demasiados para deformarla a favor de intereses espurios o transcribirla de manera negligente. Algo similar ocurre con los incentivos sobre el reconocimiento público de errores.
2.2. Medios alternativos
Si bien la iniciativa pública debería prestar una mayor atención al problema de la insalubridad informativa, la privada también podría desarrollar aportaciones interesantes. Un remiendo sería crear una publicación de amplio espectro informativo dedicada a denunciar las mentiras y errores perpetrados por los mass media. Su difusión no debería relegarse al ámbito académico sino al popular, lo que implicaría el uso de un lenguaje claro y asequible para la mayoría de los receptores. Ya han surgido algunos intentos desde Internet pero de bajo calado pues suelen pecar de sesgo, de falta de profesionalidad o de especialización excesiva.
Con esta solución se propone la creación de un medio independiente que abogue por la pretensión de objetividad y de imparcialidad como principio esencial. Es innegable que lograrlo al 100% resulta utópico, no obstante es probable que mejorase la situación actual. Para ello sería necesario contratar a buenos profesionales, íntegros, sin intereses manifiestos y que recibieran sueldos elevados en un intento de dificultar su soborno. La denuncia debería basarse siempre en la evidencia y no atenerse a cuestiones en las que ésta apenas tuviera relevancia. Es lógico suponer que eso dejaría de lado numerosas cuestiones ideológicas pero no así aquéllas en las que los medios manipulan los datos, prostituyen las fuentes, etc.
Además, si esta publicación incluyera el nombre del periodista que ha falseado la noticia, el de sus superiores y el del medio (agencias incluidas), estos pondrían más empeño en actuar con honestidad. Sobre todo si se elaborara algún tipo de lista en la que figuraran los mentirosos y/o negligentes a modo de "ranking de la vergüenza".
Esta iniciativa no estaría exenta de dificultades. Una de ellas tal vez fuera la venta -o regalo si se financia sólo con publicidad- de un número suficiente de ejemplares para ser rentable. En realidad opino que tal dificultad sería menor de lo que parece. Mucha gente no dudaría en adquirirla con el fin de localizar fallos en la argumentación del contrario, evitar manipulaciones o sólo por el morbo de conocer a los más mentirosos. Dicha financiación también podría llegar de fundaciones de distinta índole o de otros cauces.
Es posible que cuando este medio empezara a actuar de un modo sesgado sus ventas caerían ya que su principal atractivo radica en aportar una visión lo más imparcial y objetiva posible. En tal caso, empezaría a dar al ciudadano "más de lo mismo" y no es tan seguro que triunfara.
Una tarea más difícil de solventar sería capear los ataques proteccionistas del gremio periodístico (que rara vez se purga a sí mismo de manera enérgica) y de los actores políticos y empresariales que se vieran perjudicados al frustrarse sus manipulaciones y embelecos.

Como colofón final a este apartado, el mensaje que se pretende transmitir es que la manera más eficaz de protegerse ante esta insalubridad informativa es la apuesta por el individuo. Las medidas de ámbito social públicas y/o privadas (existentes o posibles) serán un buen complemento si se aplican con destreza y sentido común. Sin embargo, la protección más importante ante la información nociva debe centrarse en cada sujeto. Somos nosotros los que debemos hacernos cargo de la situación y no obviarla como si fuera un mal menor o algo inevitable. 
Por consiguiente, la búsqueda de la verdad debería ser un ejercicio propio de cada uno y no sólo de unos pocos que nos "iluminen" el camino. En casi todos los casos se tratará de una meta inalcanzable pero es muy probable que merezca la pena el esfuerzo depositado en hacer las cosas bien. Aludiendo al personaje cinematográfico Martín H, parece claro que "hay que seguir intentándolo, aunque sólo sea por curiosidad".

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La información insalubre VII: intentos de protección al ciudadano

La información insalubre VII: intentos de protección al ciudadano

Un error muy común es pensar que el receptor está desamparado ante la información nociva de los medios de comunicación. Nada más lejos de la realidad. Los mecanismos de protección surgidos desde iniciativas públicas y privadas son muy abundantes y complejos. La sensación de abandono que suele tener el público procede de la eficacia de estos mecanismos, que llega a rozar la incompetencia absoluta. Es paradójico que los medios más grandes y fuertes -que cuentan con más y mejores sistemas de protección- sean justamente los que emplean las técnicas de manipulación más potentes y sofisticadas.
En la esfera democrática, el periodismo está controlado por los poderes estatales clásicos (ejecutivo, legislativo y judicial) junto a diversas iniciativas privadas (empresariales y profesionales). Desde un punto de vista histórico, la regulación periodística se divide en 3 etapas en función del control predominante. En la exposición, se ha considerado apropiado no datarlas porque la delimitación entre unas y otras es muy difusa. Son las siguientes:
- 1ª etapa o de control administrativo: con patentes, licencias de funcionamiento, normas, etc., proporcionadas por el sistema público. 
- 2ª etapa o de control empresarial, donde el propietario del medio asume la función de productor de periodistas.
- 3ª etapa o de control profesional, donde el gremio periodístico se convierte en el propio órgano autorregulador.

De los sistemas de control mencionados han emanado los mecanismos de protección actuales, que se pueden estudiar en 2 grupos atendiendo a su carácter puramente normativo o de otra índole:
- Sistemas normativos
- Sistemas no normativos.

1. Sistemas normativos
Se trata de medidas implantadas por autoridades administrativas de ámbito local, autonómico, nacional y supranacional, que pueden apoyarse en otros mecanismos, como es el caso de las comisiones de investigación. Las normas emitidas tienden a ser de obligado cumplimiento aunque también las hay optativas. Unas regulan de manera exclusiva determinados aspectos periodísticos, mientras que otras actúan en un ámbito más amplio que incluye uno o más aspectos de la profesión informativa. Por ejemplo, el respeto a la intimidad. Las normas constituyen uno de los sistemas de protección de mayor eficacia aunque no están exentas de inconvenientes. El más evidente tal vez sea el riesgo de obstruir la libertad de expresión. De hecho, la publicación y cumplimiento de normas férreas para regular los flujos informativos es un distintivo típico de las dictaduras totalitarias. No tanto de las monarquías absolutistas o autoritarias, donde el pueblo tiende a quedar fuera de juego.
En las democracias, la legislación que atañe a los medios de comunicación se enfrenta a un grave conflicto. La razón es que estos se han constituido, unilateralmente, en  el 4º poder al desarrollar una labor crítica frente al gobierno. De este modo, se autoproclaman adalides de la libertad para denunciar y evitar los abusos que ocasiona la maquinaria política y administrativa a los ciudadanos. Todo ello con el beneplácito de los diferentes poderes. La situación parece muy saludable pero sólo lo es en apariencia. A diferencia de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, configurados a lo largo de un complejo devenir histórico de relaciones humanas, el 4º poder se ha consolidado como tal por sí mismo. Ha cubierto una necesidad de información que ha derivado en una dependencia informativa. Además, a diferencia de los 3 poderes clásicos, la normativa legal que afecta al recién llegado es muy inferior y difusa, ya que su propia naturaleza así lo requiere. Por si fuera poco, la labor de control frente a los abusos político-administrativos es una farsa pues los medios de comunicación suelen aferrarse a una ideología partidista que, a menudo, es la del gobierno. Esto conduce a que los medios devengan en armas dialécticas al servicio (¡o por encima!) de los partidos políticos con independencia de que estén, o no, en el poder. Por supuesto, también sirven a intereses privados y/o a intereses privados vinculados a los públicos. De ello se deduce que la función de 4º poder desempeñada por los mass media es -como poco- cuestionable, lo que no quiere decir que deban ser secuestrados o sometidos a censura. Al respecto de esta anomalía, Umberto Eco afirma que el primer paso en el camino a cierta objetividad es "asumir la responsabilidad de no ser objetivos, de manifestar la posición propia". Su enunciado no carece de toda lógica pues la proclamación de la objetividad suele ser un modo elegante de encubrir su ausencia. Sin embargo, el que suscribe este artículo no puede estar más en desacuerdo con dicha afirmación. La cuestión es que la diversidad de opiniones es saludable y enriquecedora pero un exceso de subjetividad periodística prostituye la función última de los medios de comunicación: la de mostrar al receptor aquella realidad que no está a su alcance. Así, ante una avalancha de datos contradictorios e imposibles de verificar por el individuo, éste no podrá discernir lo verdadero de lo falso. Su criterio nunca será suficiente pues carecerá de las garantías e indicios que avalen la evidencia. Esto anula la libertad de pensamiento. El sujeto ya no discurre sino que son otros los que le implantan aquello que debe pensar. Por tanto, su voto -considerado igual en las urnas- pierde validez en materia de libertad de elección. No sería descabellado afirmar que se trata de un voto más reprobable que si estuviera comprado, ya que al menos en este caso el votante sobornado recibiría un beneficio inmediato. En consecuencia, la libertad periodística en ausencia de responsabilidad no se convierte en una garantía de la democracia, sino en un topo minador capaz de hundir sus cimientos.
Observando las 2 caras de la libertad de expresión -la responsable y la irresponsable- se hace patente el grave conflicto que genera la regulación legal. Un exceso o un defecto amputan la toma de decisiones libre del individuo, además de conllevar abusos de poder y otros efectos indeseables.
La terrible ineficiencia que arrastran los sistemas normativos de protección en las democracias consiste en matar moscas a cañonazos, lo que motivó su complementación y sustitución parcial por sistemas menos coercitivos y más independientes del ámbito oficial.

2. Sistemas no normativos
Su principal ventaja sobre los anteriores es que apenas merman la libertad de expresión ya que no se basan tanto en la obligación directa. No obstante, arrastran el problema de que la efectividad depende en gran medida de la buena voluntad del emisor de las informaciones… Y éste no siempre es honesto. 
Destacan los siguientes mecanismos:
2.1. Manuales de estilo
En general, son códigos deontológico creados o sólo adoptados por el propio medio de comunicación para controlar su actividad desde dentro. Su publicación ha corrido a cargo de organizaciones supranacionales, medios de comunicación, autores particulares, etc., y su ambición por regular es muy variable. Abarcan desde un determinado medio hasta la mayoría de los existentes en un bloque de naciones. Por desgracia, demasiados medios de comunicación carecen de ellos o los suelen mantener a buen recaudo. Generalmente en un acceso difícil para el público.
Dentro de los manuales de estilo la variedad es enorme y no siempre positiva, pues los hay que nunca se han aplicado, que hacen un hincapié muy ligero en la ética profesional, que son sesgados, etc.
Algunos códigos famosos surgidos a finales de siglo pasado, fueron:
Código Internacional de Ética Periodística de la UNESCO
De carácter socialista, sobre todo en algunos de sus principios donde aboga por la defensa y promoción de determinadas medidas sociales.
Código de Ética de la Federación de Redactores Internacionales de Periódicos (FIEJ)
De carácter liberal, surgido en respuesta a las tentativas de la UNESCO de redactar un código socialista y con el fin de ofrecer una alternativa a la ética periodística de los países en vías de desarrollo.
>>Ambos coinciden en la importancia de la objetividad y en el respeto a la intimidad, principios que han quedado relegados a un 2º plano en códigos posteriores. Algunos de estos apuestan más por el propio periodista que por el receptor de la información, pareciendo más una defensa gremial que un código ético para salvaguardar al público.
2.2. Consejos de Prensa
Surgieron a principios de siglo XX, teniendo sus primeras manifestaciones en Suecia, Francia, Holanda y Suiza. Actualmente el más conocido es el "Press Council" británico. Están integrados por profesionales del periodismo, empresarios y otros actores. Estos consejos rechazan por completo cualquier intervención administrativa que limite o fomente la libertad periodística. Simplemente apuestan por una autorregulación profesional sin intromisiones. En ellos tiene cabida cualquier denuncia por violación de la ética periodística la cual será llevada a trámite previa aceptación.
2.3. Ombudsman
Este cargo apareció en Suecia a principios del siglo XVII como representante del Parlamento o nombrado por el gobierno para defender la libre competencia, el consumo, la igualdad de sexos, etc. A partir de 1969 reorientó su actividad a proteger al ciudadano ante los abusos de la prensa y a velar por el correcto ejercicio profesional. Aunque es una figura reconocida en ciertos países, su número es escaso a nivel mundial y su actuación ha sido, y es, muy cuestionada.
En realidad la actividad del Ombudsman también se podría considerar un sistema normativo ya que actúa en estrecha ligazón con la administración y, en ciertos casos, es designado por el gobierno.
2.4. Cartas al director
Se trata de un recurso de efectividad casi nula pues la decisión de publicación recae en el propio medio de comunicación. Además, éste puede situarlas al lado de cartas que otorguen una felicitación aplastante para que el impacto de la crítica sea menor. A menudo enfrentan las cartas a opiniones divergentes mejor estructuradas que ridiculizan la opinión adversa, transformándola en una publicidad a favor del medio. Ello lo consiguen reduciendo al disidente a un ser ignorante cuya opinión no está a la altura de las circunstancias. El mensaje es que sólo un tonto se opondría a la argumentación del  medio
2.5. Versiones diferentes
La presencia de una misma noticia comentada por medios de distinta ideología favorece la imparcialidad pero no tiene por qué mejorar la objetividad. Así, ante 2 medios diametralmente mentirosos, el receptor puede encontrarse atrapado en una encrucijada de la que no saldrá ni con su juicio crítico.
Con el auge de los blogs, periódicos digitales, etc., las versiones y reflexiones se han multiplicado. Ello aumenta las posibilidades de que un hecho objetivo no sea censurado o maquillado bajo la desinformación. Sin embargo, complica la gradación de la calidad informativa ya que los autores suelen aportar cierta subjetividad, conducen a fuentes de dudosa credibilidad, y/o propagan la desinformación en lugar de la información original. El efecto puede ser similar al del juego del "teléfono estropeado", donde el mensaje inicial tiene poco que ver con el suministrado al último receptor. Todo ello sin contar con los bulos que disemina la Red de Redes.

En función de lo expuesto, se concluye que los engranajes públicos y privados que protegen al individuo son muy amplios y complejos. Afirmar que no se han depositado casi esfuerzos supondría faltar a la verdad. No obstante, sería prudente recapacitar sobre la efectividad real de este enorme despliegue. ¿Cumple con su cometido?, ¿es apropiado para los resultados que genera?, e incluso, ¿no estará perjudicando al flujo informativo? Las respuestas no son sencillas aunque quizás esté llegando el momento de apostar por planteamientos innovadores que mejoren la situación.

 

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La información insalubre VI: etiología de la manipulación en los mass media

La información insalubre VI: etiología de la manipulación en los mass media

Si bien las secciones precedentes esbozaron algunas causas específicas de la manipulación, en ésta se recogen las razones principales de su existencia. El estudio se centra en los grandes medios de comunicación pues -en términos absolutos- constituyen la fuente más copiosa de información insalubre para el ciudadano medio.
Se ha considerado apropiado analizar la causalidad general en este momento, y no antes (en contra de otros órdenes lógicos), para facilitar la comprensión de las últimas partes y ampliar ciertos aspectos de interés.
La manipulación suele proceder de 4 gérmenes:

1. Mala separación entre opinión personal y objetividad
Se trata de un asunto muy cuestionable y espinoso. La inclusión de juicios personales dentro de una noticia resta objetividad a su contenido. Ante ello, algunos diarios optaron por fraccionar las noticias en la explicación objetiva de los hechos por un lado, y la opinión del autor o de un especialista por el otro. El mayor inconveniente de este sistema es que empobrece el estilo y la agilidad de lectura, por lo que su implantación ha sido minoritaria en la prensa escrita. No así en la radio o en la televisión, donde esta fórmula lleva cosechando éxitos desde hace tiempo.
Añadir una opinión puede resultar positivo si se ampara en el sentido común y en la búsqueda de la objetividad. El problema es que no siempre obedece a tales criterios, por lo que la interpretación de un mismo acontecimiento suele variar según la fuente consultada. Si el receptor es incapaz de discernir entre elementos subjetivos y objetivos o no consigue destilar la verdad del mensaje, su criterio quedará amarrado a ideas preconcebidas y/o a la pericia del narrador. 

2. Intereses particulares
No desgajar lo objetivo de lo subjetivo en una noticia puede obedecer a un acto de manipulación, a un estilo de redacción, a ambas motivaciones simultáneas o a un simple error. En cambio, la presencia de intereses particulares desemboca con frecuencia en la desinformación y en otras adulteraciones de la realidad. Dichos intereses suelen ser de 4 tipos:
2.1. Intereses ideológicos
Son los más habituales y su supresión no es sencilla, sobre todo cuando el equipo de dirección y/o la sociedad propietaria del medio están resueltos a que prevalezcan. Es muy fácil percatarse de cómo los medios de comunicación faltan a la verdad y omiten o restan importancia a ciertas noticias para sustentar a un partido político. A veces, íntimamente ligado al medio.
2.2. Intereses económicos
Son casi tan frecuentes como los anteriores. En ocasiones mantienen una estrecha relación con los ideológicos aunque pueden ser independientes de ellos y de cualquier otro.
Una perspectiva interesante y distinta es aquella en la que se explotan los intereses económicos del receptor, empleando "golosinas" para que el individuo adquiera cierta información. Por ejemplo, al concederle objetos a bajo precio, la oportunidad de acertar preguntas premiables a cambio de digerir unos mensajes previos, etc. El empleo no es reprobable mientras no abogue por una persuasión independiente de la argumentación. En caso contrario, estaría pretendiendo la asunción del mensaje sin someterlo a un juicio crítico. A pesar de su potencial aparente, esta técnica es poco efectiva y suele buscar más una ganancia en ventas que un rédito desinformativo.
2.3. Intereses de público
Son los más peligrosos porque se escudan en los deseos del receptor para justificar cualquier actuación. Alcanzan matices sangrantes cuando el medio de comunicación ofrece el repertorio que desea su audiencia aún a costa de sacrificar objetividad, imparcialidad y cualquier valor moral. El paradigma más significativo tal vez no sea el del "periodismo más politizado" (como cabría esperar) sino el de la prensa del corazón.
2.4. Intereses personales
Son los propios de algún director, periodista, locutor, redactor, etc. o de otra persona con acceso al medio. Su enemistad manifiesta con un adversario puede llevarle a una persecución implacable con difamación e insultos incluidos. Dicha situación refleja uno de los abusos de poder más escalofriantes que se dan en el periodismo. Aquél en el cual el que tiene acceso o control del medio lo emplea en beneficio propio para destruir al que carece de dicha facilidad. La otra cara de la moneda aparece con el encumbramiento y/o protección inmerecida de sujetos con los que se guarda cierta afinidad.

3. El falso dilema de la libertad periodística
Existe un conflicto aparente entre objetividad y libertad, tanto de la periodística como de la del público a informarse y ser informado. Su origen radica en considerar la libertad periodística como una libertad absoluta, cuando no lo es. En realidad se trata de una libertad para dar cumplimiento cabal con la del público, no para idiotizarle o dirigir su voluntad. Una comparación ilustrativa aparece en la actuación del cirujano. Éste deberá realizar la intervención quirúrgica con libertad plena aunque respetando la voluntad -coherente y consciente- del paciente y buscando su mejora, no su perjuicio. De igual manera, el periodista que apueste por darle al ciudadano lo que pide a costa de deformar la noticia, o que mienta por diversificar la información o mostrar otra supuesta perspectiva, estará causándole un perjuicio. Estará cercenando su libertad de elección efectiva.

4. Degeneración profesional
Desde hace tiempo, el periodismo arrastra una importante lacra de descrédito. La razón es que mientras unos profesionales ejercen su oficio de manera loable, otros han optado por corromper la profesión hasta niveles vergonzosos. Con frecuencia la culpa del periodista de calle es menor que la de sus superiores técnicos o empresariales, responsables en última instancia de los actos de sus subalternos.
Sin embargo, la degeneración profesional no ha afectado por igual a todas las ramas. Algunas incluso han experimentado una mejora notable. De hecho, tampoco sería apropiado meter en el mismo saco a los diferentes medios.
A título de ejemplo, se tratarán 2 fracasos periodísticos muy distintos en apariencia: el del periodismo rosa y el del periodismo científico:
- El periodismo del corazón quizás sea el que mayor volumen de capital mueve a nivel mundial y posiblemente también el más insalubre para la mente. Su inclusión dentro del periodismo es muy cuestionable ya que se identifica con un tremendo arsenal de despropósitos, taras e irregularidades que la profesión suele aborrecer. Además, hace apología de un buen número de "valores" indispensables para destruir cualquier tipo de convivencia sana: intromisión en la intimidad, ofensa, calumnia, satisfacción ante la desgracia ajena, distorsión de la realidad y escarnio, entre otros. Por supuesto, no todo el periodismo del corazón es igual: lo hay poco nocivo y de una toxicidad exagerada.
Esta faceta del periodismo -amante de la crítica y el chismorreo- tiene numerosos antecedentes históricos. Desde hace siglos, si no milenios, las miserias de gobernantes y otros personajes destacados circularon de modo cotidiano entre el pueblo llano e incluso se plasmaron en documentos literarios. Estos antecedentes del periodismo del corazón ya juzgaron y condenaron a grandes personalidades. Entre ellos a Miguel de Cervantes, que tuvo que soportar críticas retorcidas sobre la ligereza de cascos de sus hijas. El asunto sería baladí de no haber puesto al novelista en el punto de mira del Tribunal de la Santa Inquisición.
Se trata pues de un fenómeno añejo. La innovación estriba en la amplia difusión de las informaciones y en la agresividad de algunos divulgadores, muchos de los cuales no lo son desde un punto de vista académico ni profesional. Hoy en día, la maquinaria rosa da muestras de su poder al encumbrar o difamar a personas de toda índole. No es indispensable que tengan interés público ya que a falta de famoso siempre se puede crear uno. Éste pagará el precio de su inconsciencia con beneficios económicos (que no siempre) y el sometimiento a la voluntad de unos aviesos aprendices de jueces, fiscales, fedatarios, abogados y -como no- ejecutores. El fenómeno del corazón no se conforma con mostrar vidas ajenas reales o imaginarias, ni con criticar actitudes que le molestan, lo cual podría ser asumible. No, va más allá. Comercia y frivoliza con la muerte y la enfermedad; insulta, humilla y amenaza; atenta contra familiares inocentes; se confabula con determinados personajes para aplastar a otros, etc. Y toda esa carnaza la adereza con la desinformación y se la entrega a un público ávido de sangre que, si aún no le ha cogido el gusto, no tardará en hacerlo. En caso contrario, a la vuelta de la esquina le amenaza la marginación, disfrazada de una reducción en el número de conversaciones en que intervenir.
Por otra parte, en el momento en que a una buena parte de dichos profesionales se les echa en cara su mezquindad, tienden a recurrir a 2 argumentaciones tan pobres como manidas:
a- La 1ª es la necesidad del profesional de "comer caliente todos los días". Defender esta postura en un país desarrollado resulta casi ofensivo, ya que la muerte por inanición suele ser accidental y existen oficios más dignos en los que depositar esfuerzos. Incluso mejor remunerados.
 b- La 2ª alude a la satisfacción de una necesidad del receptor (los ya mencionados intereses de público). Si el pretexto anterior adolecía de hipócrita, éste implica la demagogia en su grado más elevado. Su contrarréplica es tan simple como preguntar a los susodichos profesionales si estarían dispuestos a sufrir el acoso y derribo que ellos emplean discrecionalmente. La evidencia pone de relieve que cuando son estos profesionales los asediados, se muestran muy remisos a concederle al público lo que pide. Algo inexplicable en gente tan afanosa por suministrar un servicio que consideran tan necesario. Esta modalidad de demagogia justifica las tropelías cometidas y permite una descarga de conciencia. Gracias a ella, la culpabilidad recae en el manipulado y no en el manipulador.
En opinión del autor, el periodismo rosa no debería ser eliminado, aunque tampoco debería emplear el terrorismo desinformativo más atroz a costa de satisfacer necesidades y machacar a quien le apetece.
- El periodismo científico no ha alcanzado las cotas de bajeza intelectual y moral del periodismo del corazón pero su descenso ha sido más pronunciado. Mientras que el periodismo rosa siempre ha tenido una connotación lesiva inherente, el periodismo científico partía de una cimentación más noble: acercar a la gente una de las principales fuentes del conocimiento, la Ciencia. A día de hoy, ésta adolece de graves problemas y el periodismo que la divulga ha contribuido poco a enmendarlos. Es cierto que no es ésa su misión, aunque tampoco debería contribuir a magnificarlos. Resulta patente que una buena parte de la gangrena que corroe la Ciencia ha llegado de manos de periodistas, acompañados de políticos, empresarios y los propios científicos.
Los principales efectos deletéreos del periodismo científico quizás tengan su origen en:
a- La dicotomía entre Humanidades y Ciencias
Muy a menudo, la forma de pensar y debatir de personas con uno u otro tipo de formación se asemeja más a un "no me chilles que no te veo" que a un diálogo constructivo. Si a veces a un biólogo le cuesta entenderse con un físico -o a la inversa- en el abordaje de ciertos temas, la situación entre una persona de Ciencias y una de Humanidades puede rozar la tragicomedia. El periodista científico se enfrenta a una terrible dificultad que debe superar por medio de una sólida formación en la materia y flexibilidad en el aprendizaje. En algunos casos, la incomprensión ha llegado tan lejos que el periodista científico no ve en el profesional de la Ciencia a un colaborador, sino a un individuo prepotente, sin escrúpulos y/o de baja categoría intelectual. Es decir, a un enemigo. En estas tesituras, ciertos periodistas científicos no han contribuido a acercar la Ciencia al público, como era su deber moral y profesional. En su lugar, han pretendido deslegitimar (más que cuestionar) la labor del científico, negar la evidencia experimental, emplear el insulto como arma ofensiva, etc. Este alarde de incompetencia por parte de algunos profesionales, vilipendiando a sus mejores colaboradores externos, no ha limado la dicotomía entre Ciencias y Humanidades sino que la ha agudizado. Otros periodistas, incapaces de divulgar conocimientos científicos, optaron por hacer una especie de periodismo de sociedad y/o efectista dentro del científico. Así, el acercamiento de la Ciencia al profano fue sustituido parcialmente por la narración de las miserias de los profesionales de la Ciencia, el ataque político a través de la misma, etc. Con lo cual se perdió una gran parte de la divulgación esencial, la del conocimiento.
A su vez, muchos científicos han reaccionado con un cierre de filas ante los periodistas, con lo que el problema no ha hecho más que empeorar.  
b- La extirpación de la Ciencia de la Cultura
Quizás como consecuencia de la dicotomía mencionada, a día de hoy la Ciencia está desterrada de casi todas las parcelas del mundo de la Cultura. Pudiera parecer que fue exiliada por atribuirla una importancia especial e inmerecida pero no es así. La realidad es que su presencia relativa en los medios de comunicación tiende a ser escasa y, en la inmensa mayoría, aparece separada de la "cultura de Humanidades". Concibiendo la Cultura según la acepción más general del diccionario de la Real Academia de la Lengua, (conjunto de conocimientos necesarios para que el individuo desarrolle su juicio crítico), se aprecia la magnitud de tamaña injusticia. La razón es que la Ciencia es una de las principales fuentes del conocimiento humano y su metodología una de las más adecuadas para cimentar un criterio propio. La paradoja alcanza su máximo apogeo cuando determinados sectores de la Cultura admiten entre sus filas a la canción del verano; a obras artísticas sustentadas sólo por su valor especulativo; a libros escritos por "negros" que a su vez los toman de segundos "negros" y estos, o los primeros, los plagian de otros autores, etc. pero no quieren ni oír hablar de la Ciencia.
Tal vez parte del origen de esta actitud se encuentre en que la Ciencia aporta una mayor objetividad a cuestiones en las que sólo ha interesado si respalda tesis ideológicas o personales. El resultado de esta marginación se refleja, parcialmente, en la menor importancia que se concede al periodismo científico en relación a otras ramas y en la frecuente limitación del acceso del científico y del periodista científico a los mass media. A nivel mundial, este último profesional es una rara ave que, lejos de ser protegido por sus colegas de profesión, a menudo es tratado como un personaje inusual. La especialización de algunos fue eliminada de medios y universidades y se han visto abocados a abandonar. Otros complementaron su dedicación con tareas de distinta índole.
c- El miedo a lo desconocido y otros factores
Las 2 razones anteriores, unidas al potencial tecnológico destructivo que puede apuntalar la Ciencia, a cierto temor instintivo del ser humano hacia aquello que desconoce o no controla y a la propia degeneración que arrastra el sistema que gestiona la Ciencia, materializan un caldo de cultivo apropiado para rechazarla. Esto ha influido de forma negativa en la divulgación de la misma. Se ha generado un modelo desafortunado del científico, especialmente relevante a partir de la I Guerra Mundial y que se ha exacerbado desde la Segunda con las descargas atómicas sobre Japón. El broche de oro lo ha puesto la industria televisiva y -sobre todo- la cinematográfica a través de ficciones de gran calado. En numerosas películas, civilizaciones extraterrestres siembran el caos y la destrucción con arsenales tecnológicos mortíferos (La Guerra de los Mundos, Independence Day...); el futuro se ve comprometido por la Ciencia (El Planeta de los Simios, Metrópolis, Matrix, Terminator, Mad Max...); científicos chiflados pretenden dominar el mundo (007 contra el doctor No, Austin Powers, Los Cuatro Fantásticos...); otros desencadenan el mal por su ambición, impericia y/o falta de escrúpulos (Frankenstein, La isla del doctor Moreau, Resident evil, La mosca...); y los hay que no dudan en anteponer su profesión a cualquier valor moral (E.T., Starman, Alien el Octavo Pasajero...), etc. La asociación entre el científico y el mal es manifiesta y está al mismo nivel -o superior- que la de otras profesiones como la del empresario o el gobernante. La justicia cinematográfica ha encontrado un gran enemigo de la humanidad que debe pagar sus pecados. Incluso con la muerte. Y es que el papel del científico lleva aparejado un alto riesgo de sufrir daños en su integridad. Algo similar les ocurre a la prostituta y al gracioso desangelado. Son muy susceptibles de perder la vida o de experimentar algún tipo de acto lesivo. A veces, el científico no es un sujeto especialmente diabólico sino un individuo extravagante y/o alienado de la realidad social, situación sólo atribuible a determinados profesionales de la Ciencia. Es lo que muestran películas como la saga de Regreso al Futuro, Una mente maravillosa, Gorilas en la niebla, etc. Donde un determinado modelo real adquiere la categoría de científico típico.   

Con independencia de estas 3 razones que explicarían las actuaciones perniciosas del periodismo científico, no puede eludirse la culpa del científico y de su sistema en el alejamiento de la divulgación. Sin embargo, ésta responsabilidad es inferior a la del periodista. Cualquiera que visite una librería observará que la mayor parte de la divulgación científica popular está siendo sustentada por profesionales de la Ciencia y/o la Tecnología, y no por periodistas. A esto se añade que las escasas publicaciones periódicas de carácter divulgador, a menudo desvirtúan el carácter científico de los hallazgos registrados.

Aunque pueda parecer lo contrario, el periodismo rosa y el científico no son las únicas "ramas" degradadas. Ni mucho menos. Las secciones de Economía, Sociedad, Sucesos, etc. de los diarios tampoco se han librado. En cada "modalidad", sus problemas son particulares y, como ocurría en los 2 casos expuestos, pueden no estar muy relacionados.

 

>>Sinopsis:

Las causas primordiales de toda o casi toda la manipulación que ejercen los medios de comunicación pueden abordarse atendiendo a los intereses particulares, al falso dilema de la libertad periodística, a la degeneración de una buena parte del gremio informativo y a la polémica fusión del hecho objetivo y la opinión personal. Es posible que existan otras razones aunque las mencionadas son suficientes para explicar la etiología fundamental del problema.

 

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La información insalubre V: consecuencias (2)

La información insalubre V: consecuencias (2)

Continúa la exposición de los perjuicios que puede acarrear la desinformación.

2. Consecuencias generales de índole social
Al igual que en el caso anterior, se señalarán sólo las más significativas pues abarcarlas en su totalidad y de manera detallada sería una tarea imposible de concluir:

2.1. Viraje a la tiranía o al mal gobierno
Es quizás el efecto más destacado y temido. La desinformación puede torcer la voluntad del votante con facilidad. Si no dispone de información suficiente y de calidad y/o no hace un esfuerzo de objetividad en la decisión del sufragio, es posible que contribuya al ascenso de una dictadura disfrazada de democracia o de un partido que merme las libertades individuales, genere injusticias sociales, etc. El auténtico peligro no estriba en que adopte dichas decisiones sino en que lo haga mediante una actuación inconsciente. Es decir, sin pretenderlo.
Por otra parte, no sería descartable que un partido ya instalado en el poder comience a perjudicar a sus ciudadanos por el mero hecho de que estos no se percaten del agravio que les ocasiona o del beneficio que les niega. Esta actuación se hace patente en ciertos países, donde el ciudadano considera que tiene un buen nivel de vida sólo porque ignora otras posibilidades de desarrollo.
La desinformación es uno de los enemigos más peligrosos del sistema democrático pues es capaz de desmantelarlo desde sus entrañas, empleando una libertad de expresión ilegítima como ariete desinformativo. La situación se analizará con detenimiento en próximos capítulos. 

2.2. Agravamiento de la asimetría informativa
La asimetría informativa es una característica intrínseca a cualquier transacción económica e incluso a otros aspectos sociales. Consiste en que en un intercambio de bienes o servicios, siempre habrá un actor mejor informado que otro. Dicho fenómeno ha sido atribuido al sistema capitalista, lo cual es erróneo pues aparecía incluso en los primeros intercambios no monetarios. A grandes rasgos, el que suministra el bien o servicio suele tener más información que el que lo adquiere, mas no en todos los casos.
Los siguientes ejemplos sobre asimetría informativa mejorarán la comprensión del asunto: cualquiera que haya comprado viajes organizados, sabrá que requiere cierta destreza comprender los folletos de las agencias de viajes. Los eufemismos y los vocablos confusos aparecen por doquier, las omisiones de información son habituales y las especificaciones de las tasas no son nítidas. Es decir, la información que suministran al cliente es oscura y, por si fuera poco, incompleta. Éste enfrenta sus intereses a los de una serie de compañías que aprovechan su superioridad informativa para aumentar su beneficio en el intercambio o ya sólo liquidar la transacción. El grado de asimetría variará, entre otros factores, con la experiencia y pericia del cliente. Ahora bien, también puede darse el caso contrario: que la balanza informativa se decante del lado del comprador. Supongamos ahora que adquirimos un cuadro en una almoneda por un precio muy barato. Un día se lo enseñamos a un amigo tasador de Arte que nos informa de que tiene un valor superior al que le adjudicamos. Es por ello que nos lo compra por el doble del precio que pagamos en la almoneda. En su opinión, tirando por lo alto. Si resulta que el tasador sabe que dicho cuadro puede sacarse a la venta por unas 100 veces su precio, estará "abusando" de nosotros en función de la asimetría informativa. Si encima nos lo compra por un precio inferior al que lo hemos adquirido, el engaño le habrá salido redondo.
En el caso de las agencias de viajes, la dura competencia y la difusión de Internet han reducido la asimetría informativa aunque no por completo: los folletos todavía rebosan información insalubre con un más que sospechoso ánimo de confundir al cliente. Tanto en precios como en características del vuelo, alojamientos y excursiones.
Por otra parte, la asimetría informativa ha sido penalizada en muchas transacciones, a veces de un modo drástico. Es lo que sucede en el mercado automovilístico. Aquí, una vez el vehículo abandona el concesionario, se deprecia -por término medio, a día de hoy y en un país desarrollado- un 10-25% respecto a lo abonado al minorista. Esto es así porque el comprador asume que quien vende su automóvil nada más adquirirlo lo hace al haber encontrado alguna característica que no satisface sus necesidades. Con bastante lógica y no poca razón, los otros compradores piensan que pueden correr un riesgo similar. Sin embargo, es posible que el reciente adquisidor lo pusiera a la venta porque ganó un vehículo más deseado en un concurso, porque su situación económica cambió y ya no pueda mantenerlo o porque ha decidido comprarse otro mejor, etc. En tales casos, sería excesiva la "penalización" impuesta por la mayoría de los compradores potenciales.  

2.3. Daños a la integridad de personas y bienes
La información insana puede provocar agresiones físicas, destrucción de propiedades públicas o privadas, aumentos de la criminalidad, etc. Es por ello que amenaza también a los que casi no la sufren y caen en manos de los desquiciados. Como se mencionó en partes anteriores, el efecto masa induce a cometer y defender atrocidades contra cualquiera. La víctima será aplastada sin piedad merced al envalentonamiento y a la supresión del temor al remordimiento.
Ahora bien, la integridad del receptor del veneno mediático tampoco está a cobijo de su patogenicidad. Un ejemplo de ello fue la crisis de 1929, donde los desplomes bursátiles se acentuaron por la extensión del pánico. Si se hubiera comprendido que la situación era grave pero no desesperada, es muy probable que algunos no se hubieran suicidado. El problema es que los mercados y la información ya estaban muy interconectados, con lo que la crisis se extendió como un reguero de pólvora. Un caso más cercano es el de los consumidores de estupefacientes que reciben información engañosa sobre las sustancias que adquieren. Sería un error de bulto desconocer que el poder adictivo y el efecto del crack nada tienen que ver con los de la marihuana. Así, aquél que pase alegremente de un consumo a otro, estará asumiendo un riesgo muy elevado sin saberlo. En la otra cara de la moneda, el no consumidor que reciba sólo mensajes sobre la letalidad de las drogas también estará exponiéndose a la desinformación. Eso sí, con unas consecuencias menos trágicas.

2.4. Aislamiento social, marginación y escarnio soterrado
Son efectos muy nocivos de la información insalubre, relacionados con las consecuencias enunciadas en el primer bloque. Como en los daños directos a la integridad, el afectado puede ser el más alejado de los vapores tóxicos. En algunos casos, un fanático o un dogmático serán marginados en un entorno adverso para su repertorio. En cambio, en otros, el individuo sano puede ser aislado por una legión de zombis manipulados y/o manipuladores. Es lo que sucede en no pocas sectas, donde quien que se percate de la situación enfermiza, será relegado a un 2º plano (incluso al ostracismo) o denigrado por los acólitos. El aislamiento, la marginación y el escarnio soterrado están entre los ataques encubiertos más estresantes para el individuo pues no es igual mantenerse aislado por voluntad propia que por deseo expreso de los que le rodean. Dicha situación puede extenderse al lugar de trabajo, amistades, familia, escuela, etc.  


Antes de dar por finalizada esta parte, se recalcará que las consecuencias expuestas en los 2 grupos pueden darse con mayor o menor intensidad y confluir varias en una misma persona o sociedad. Ningún sujeto o población está libre de padecerlas. Sin embargo el daño más acuciante aflora al convertirse en moneda de cambio frecuente en la sociedad o en uno de los pilares básicos de la conducta individual.

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La información insalubre IV: consecuencias (1)

La información insalubre IV: consecuencias (1)

Como se especificó en capítulos anteriores, la información insalubre tiene efectos inesperados y perniciosos. Es innegable que puede redundar en consecuencias positivas secundarias, -como muy bien apuntó un amigo (JRF)- aunque éstas no son predominantes. Sin ir más lejos, una manipulación que exagerase ligeramente (porque en exceso sería catastrófico) los beneficios de invertir en cierta región, quizás mejoraría las condiciones de vida de sus habitantes. Otra manipulación aceptable sería aquella en la que unos pocos pretendieran derribar una tiranía cruel en favor de una democracia más justa. En casos como estos, los artífices de dichos manejos tal vez fueran los más beneficiados, a costa del engaño y de perjudicar al gobierno anterior, pero el efecto positivo se dejaría sentir en los restantes ciudadanos. Serían manipulaciones admisibles hasta cierto punto. Ahora bien, hay 3 motivos por los que debemos inquietarnos más que relajarnos:
- En la manipulación suelen predominar los efectos nocivos sobre los beneficiosos.
- El uso de la manipulación, aunque sea bienintencionada, aumenta la tentación futura de emplearla sin que termine aportando nada -o muy poco- a los demás.
- La simple existencia de consecuencias perjudiciales es una razón de peso para no olvidarla por completo.
Las consecuencias de la información insana abarcan desde equívocos casi inofensivos a genocidios u otros desastres de categoría mayúscula, pasando por timos y estafas de diversa índole. Exponer todos los desaguisados posibles sería una tarea hercúlea, difícil o imposible de desarrollar. Dada esta contingencia, se tratarán sólo algunos efectos generales. Su sistematización atenderá a la afección directa sobre la mente del individuo o sobre aspectos generales de la sociedad. Como es lógico suponer, se hará mayor hincapié en los problemas derivados de la manipulación, al ser más peligrosos y fáciles de evitar:

1. Consecuencias directas sobre la mente del individuo
Su carácter lesivo estriba en que la persona inteligente puede caer en la incompetencia e idiocia más extremas. Esto último complicaría su vida, la de los que le rodean e incluso la de aquellos que ni conoce. Ahora bien, la metamorfosis puede darse también por causas ajenas a la desinformación: patologías clínicas, efectos secundarios de tratamientos médicos, traumas, etc.
Cabe decir que, en ocasiones, el sujeto transformado adquiere unos niveles de felicidad de los que carecía antes de abrazar la estupidez pero, a cambio, deviene en un elemento muy nocivo. Peligrosísimo en las distancias cortas.
Algunas consecuencias relevantes son:

1.1. Reducción del criterio operativo
Es la principal por su alta frecuencia de presentación. El individuo pierde capacidad intelectual para afrontar las situaciones con acierto. Como se especificó, una de las características de la manipulación es que es seductora y, a veces, distractora. Ello redunda en que evita el razonamiento y la apreciación de alternativas iguales o mejores en la resolución de problemas. La seducción puede ampararse en una simplicidad excesiva, una complejidad engañosa o en la batería de recursos mencionados en capítulos anteriores. Una exposición somera a los mensajes tóxicos apenas perjudica la psique, sin embargo una reiterada o una sobreexposición puntual no es para tomársela a broma. La situación puede ser preocupante ya que el individuo se manifiesta como un ente poco razonador y/o razonable, olvidando ciertos aspectos característicos que le identifican con su especie. Su estado mental adquirirá matices trágicos si su capacidad razonadora permanece intacta y él opta por ser poco o nada razonable. Este ser es ya el auténtico imbécil. Un cacharro irrecuperable salvo con psicoterapias prolongadas y/o choques violentos contra la evidencia. A veces, ni por ésas. En esta variante de putrefacción mental, la estupidez conllevará matices contagiosos: será un imbécil generador de imbéciles. En el momento en que la población alcance una proporción alta e inestimable de idiotas, las consecuencias serán aterradoras.
Las pérdidas de criterio operativo más comunes han sido expuestas por diversos autores y se resumen en:
Superstición: consiste en defender una idea que pudo tener cierto valor en origen (o al menos entrañar una relación coherente), pero cuya falsedad ha sido evidenciada públicamente. En este caso, el supersticioso ha perdido algo de sus cualidades razonadoras y una buena parte de las razonables. Es más fácil de entender con un ejemplo extremo: en épocas pasadas, bastantes civilizaciones costeras creían que las regiones inexploradas del océano estaban plagadas de monstruos devoradores de hombres. Este pensamiento no carecía de toda lógica. Compréndase que no era disparatado atribuir alguna desgracia a aquellos marineros que no regresaran a tierra. Si a esto se añade la llegada a las playas de ballenas, tiburones, calamares gigantes u otros animales varados (o de sus restos); los posibles avistamientos y ataques de estos seres mar adentro; la transmisión de mitos y leyendas y otras situaciones propicias al mito, se entenderá que afirmar la existencia de dichas abominaciones no era tan descabellado como parece. Ampararse en tales creencias resultaría útil para la supervivencia ya que el marinero no se alejaría demasiado de las costas. Así evitaría desorientaciones, agresiones por animales de gran tamaño, regresos demasiado prolongados ante inclemencias meteorológicas o desperfectos de la nao, conflictos con otras embarcaciones, etc. Es decir, se eludirían riesgos partiendo de una idea falsa. Mas cuando se demuestre y acepte de manera global que dicha idea no es cierta, un individuo que la sustente -negándose a aceptar lo evidente y por pura cabezonería- será un supersticioso. La superstición es inocua a grandes rasgos pero, a veces, puede poner en peligro la vida del que la padece y/o de los que le rodean. En este caso, si tuviera que hacer un viaje en barco para dar con la cura a una enfermedad mortal (suya o de un pariente) y no lo hiciese sólo por temor a los infundados monstruos devoradores de personas, la superstición entraría en conflicto con la supervivencia. Alguna vida correría peligro por defender una idea arbitraria.
Fanatismo: esta actitud comporta la defensa de una idea vigente pero falsa o carente de evidencia empírica. En sucesos contados tal vez sea cierta, pero nada permite asegurarlo. En consecuencia, nadie está en posición de hacer una defensa acérrima de la misma. A diferencia del supersticioso, el fanático ha perdido casi toda su capacidad razonadora y no es razonable. Lo grave es que al no serlo, jamás buscará errores en su idea. Otra diferencia con el individuo anterior es que el fanático suele poner en peligro la integridad de terceros con más frecuencia que el supersticioso. Ello se debe a que la vigencia de su idea, permite al fanático encontrar a otros que piensen como él, por lo que no estará tan solo en su creencia como el supersticioso. Cuando la idea no esté evidenciada, el resquicio de que pudiera tener razón se convertirá en su gran arma: ahora tiene razón. Ambas situaciones le convertirán en un elemento más combativo, con capacidad de asociación para imponer su ideología o lograr sus propósitos.
Dos ejemplos de fanatismo comunes son:
- La negación o defensa acérrima de la existencia de uno o más seres supremos creadores (dioses, espíritus, demiurgos, titanes, etc.). A día de hoy, es absurdo sostener o rechazar con vehemencia la idea de un creador último del universo. No hay pruebas sólidas a favor de ello pero tampoco en contra. La opción más sensata será el agnosticismo o considerarlo un acto de fe particular de cada uno. De lo contrario se estará defendiendo una idea vigente no evidenciada.
- Un caso más grave consiste en enarbolar una idea vigente demostrada como falsa. Un buen paradigma es la superioridad racial del negro en el deporte. Su origen está en la creencia en una mayor masa muscular de los negros, surgida durante el apogeo del tráfico de esclavos africanos a Europa y América, y en el posterior triunfo de Jesse Owens en las Olimpiadas de Berlín del 1936. Ante la consecución de 4 medallas de oro, el partido nazi reconoció la (supuesta) supremacía física del negro para proteger la superioridad de la "raza aria", que aún mantendría su feudo en una mayor capacidad intelectual. ¿Dónde estriba la falsedad? En primer lugar, en la especie humana no existen razas pues la variabilidad genética intragrupal es superior a la intergrupal, además de que las diferencias pigmentarias se distribuyen de un modo continuo. Por otro lado, el aparente desarrollo muscular superior del negro no es tal, pues hay bastantes más individuos que carecen de dicha condición.
Atendiendo a los deportes, se observa una superioridad del negro en la carrera de alta velocidad y en la de muy larga distancia, en cambio en carreras de resistencia de unos pocos kilómetros, la supremacía no está nada clara. No debe olvidarse que el éxito en la carrera de alta velocidad es típico del negro estadounidense, mientras que en las distancias muy largas hay un fuerte predominio de determinado negro africano que comparte honores, en gran medida, con individuos de otras tonalidades pigmentarias.
El prejuicio se desmorona aún más por la influencia medioambiental que afecta a  la supremacía negra en el baloncesto (cada vez menos negro) y en el boxeo, que tradicionalmente han practicado los negros de ciertos ambientes marginales y dictaduras. Es decir, la genética de la pigmentación cutánea no está correlacionada con la superioridad genética general en el deporte, como se creía. La mejor correlación se obtiene al estudiar factores genéticos (individuales y de ciertas poblaciones) y medioambientales (costumbres, sistemas de entrenamiento, grado de desarrollo del país, número de habitantes o uso de sustancias dopantes). En lo relativo a la inteligencia tampoco se han apreciado correlaciones genéticas con el color de la piel. De cualquier forma, cabe reseñar que el fanatismo no aparece sólo por creer en un prejuicio sino por defenderlo de manera activa sin valorar otras opciones.
Hace siglos, los antiguos romanos ya encontraron enigmas "raciales" en el "deporte" y no llegaron a los niveles fanáticos de los grupos neonazis, sino a establecer hipótesis extravagantes y casi cómicas. En el Imperio, el pigmeo llegó a ser un elemento muy apreciado como gladiador ya que su media de éxitos -al parecer- era superior a la de luchadores de otras provincias. Dicho asunto, históricamente inusual, llevó a algún erudito a apuntar 2 posibles causas:
- El pigmeo estaba resentido por su pequeño tamaño. Así, movido por la cólera, era capaz de propinar golpes demoledores a sus adversarios.
- El pigmeo, por su desventaja física, se esforzaba más en el combate que el adversario y dicho empeño le conducía a una mayor frecuencia de victorias.
A pesar de que pudieran parecer ciertas en su época, los romanos nunca le dieron una credibilidad absoluta. Sólo fueron hipótesis atractivas.
Dogmatismo: consiste en la defensa de una idea vigente falsa o sin evidencia empírica que la avale, aunque dotada de cierta lógica que la hace parecer evidente. El dogmático es el más peligroso entre los idiotas, ya que compensa el no ser nada razonable con su cualidad de buen razonador, de la que carece el fanático. Es decir, es capaz de elaborar razonamientos complejos que sustenten su argumentación aún cuando sea falsa. El sofista que cree en su propia idea es el dogmático por excelencia, dotado de una dialéctica perversa capaz de tergiversar la realidad. Es un imbécil que da la sensación de ser inteligente: habla bien, fundamenta con coherencia, escribe con elegancia y, al mismo tiempo, parte de una idea errónea o no verificable. Su potencial deletéreo consiste en que es una potente incubadora de crédulos, supersticiosos, fanáticos y otros dogmáticos. Por si fuera poco, tiene vocación de líder, que variará según el medio en el que despliegue su ideología y lo disparatada que ésta sea. Los dogmáticos son ubicuos entre curanderos, videntes, líderes religiosos y políticos, aunque ningún gremio está a salvo de ellos. Un paradigma muy empleado es el del dirigente islamista, capaz de crear fanáticos que se autoinmolen y sucesores para su pérfida obra. Otro de menor eficacia psíquica -que no fáctica- es el militar radical de alto rango que sustenta agresiones desproporcionadas e invasiones injustificadas, a la vez que mantiene la actitud combativa de sus seguidores. Ambos suelen ampararse en la dispensación de una justicia injustificable, dirigida y siniestra. A menudo ni siquiera se corresponden con el modelo del malvado por excelencia. No ganan nada con su acción y hasta son de trato agradable, aunque también pueden ser autodestructivos y arrastrar a sus seguidores a la vorágine. Sólo son idiotas peligrosos, letales.  
Credulidad extrema: consiste en la aceptación de toda idea nueva sin exigir verificación o contraste alguno. El crédulo en extremo suele ser razonable pero no razonador. Ello motiva que su idea cambie con facilidad y que prefiera dejar "que piensen los que saben". Este individuo no tiende a involucrarse en nada. No siente ni padece. En ocasiones ha recibido tanta "psicobasura" que ya todo le da igual o actúa como una veleta instintiva: ¿que mañana le dicen que van a derribar su casa?, pues se preocupa. ¿Qué después le dicen que era una broma?, pues se tranquiliza. ¿Qué le vuelven a decir que hay que derribarla?, pues retomará su preocupación. Eso sí, no se detendrá a dilucidar el trasfondo de esas contradicciones.
Incredulidad extrema: es el caso opuesto al anterior. Consiste en no aceptar ninguna idea aún pareciendo cierta tras un contraste y/o verificación. Que dude del contraste y/o verificación de manera justificada, es legítimo. La perversión emerge en el instante en que duda hasta de la evidencia. Cuando eleva las excepciones a reglas y se atrinchera en un universo irreal. Su actitud puede llevarle a pensar que todo son engaños, tonterías y conspiraciones: los médicos experimentan con él dándole placebos, los arquitectos reciben subvenciones para hacer casas inseguras o de mal gusto, la Ciencia está equivocada desde su base, etc. En su mundo particular todo es cuestionable. Todo es tergiversable. Es la Duda Metódica llevada a su radicalismo máximo. Sus razonamientos pueden ser muy buenos pero no es razonable. Hay que tirar todo el sistema abajo porque no tiene nada bueno o útil. En cierto modo, el incrédulo extremo suele aglutinar rasgos nihilistas y antisistema, además de cierto parecido con el dogmático, al que puede terminar emulando. Por el contrario, el crédulo extremo se identifica más con el supersticioso. Es paradójico que dicho incrédulo sea retratado en el cine como el protagonista conocedor de lo que se cuece y deshacedor de conspiraciones, mientras que en la vida real guste más del papel de orate que del de héroe o genio.
    
1.2. Confusión absoluta
Aparece cuando el individuo se encuentra con tal cantidad de mensajes opuestos, desmentidos, desacertados, dicotómicos, etc. que se ve desbordado. Esto le lleva a mezclar conceptos, imaginar teorías rocambolescas y perpetrar dislates y sinsentidos en cuanto tiene ocasión. Por lo general, si no puede acceder a una información fiable y de calidad, acaba por tener un conocimiento erróneo de la realidad, con referencias dispares de las que no se saca nada en limpio. Termina viviendo en un mundo extraño donde los opuestos se mezclan, las cosas similares no guardan relación, etc. Lo lamentable es que el individuo a menudo no es consciente de su confusión y la achaca al medio externo en vez de a su intoxicación. Una manifestación extrema y palpable está en algunos supervivientes de conflictos bélicos, tránsfugas de sectas, etc. 

1.3. Complicación o generación de enfermedades mentales
Si bien es verdad que una persona afectada por ciertas taras psíquicas interpreta cualquier información de manera arbitraria y que su patología puede empeorar con independencia de la información recibida, no es descabellado afirmar que un ambiente adverso agrave su situación. Por ejemplo, ante una elevada tensión social o violencia dialéctica, el enfermo llegaría a sufrir crisis profundas. De ser un paranoico que vive bajo gobiernos muy opresores -donde la sospecha y el miedo a la denuncia son el pan nuestro de cada día- tal vez se refuerce su patología. O lo que es peor, puede que no sea diagnosticada y se mimetizarse con el terror y la angustia generados por el sistema.
Además, un exceso de información insalubre de alto impacto podría motivar episodios próximos al estrés postraumático, psicopatías, neurosis, etc. Dichas situaciones son poco frecuentes, aunque su tremenda gravedad hace que no se deban perder de vista.

1.4. Alteración de prioridades
Está muy relacionada con la confusión absoluta y las demás consecuencias mencionadas, las cuales muy bien podrían incluirla. No obstante, se ha creído conveniente separarla porque en ocasiones se presenta independiente. En cierto modo es una desconexión parcial con la realidad, donde la capacidad operativa del afectado se ve distorsionada. La alteración de prioridades trastoca la toma de decisiones, priorizando las irrelevantes en detrimento de las importantes. La gradación se establecerá -sobre todo- en función del beneficio que obtiene el individuo, ya sea físico o psíquico. Una alteración de prioridades errónea puede aparecer al recomendar con insistencia el desempeño de cierto oficio o licenciatura porque, al parecer, garantiza una alta remuneración económica. Imagínese un ejemplo radical e ilustrativo: afirmar -en un país desarrollado y en términos generales- que es preferible trabajar como diseñadora gráfica que como meretriz porque se gana más dinero, es falso. En términos generales, dedicarse a la prostitución será más peligroso, más desagradable, más denostado y, tal vez, menos ético. Pero no menos rentable. Es decir, si se busca un mayor lucro sin importar los inconvenientes, es más adecuado optar por el negocio sexual que por el artístico. Lo opuesto supondrá una inversión de prioridades.
Por descontado, no se considerará una alteración de las mismas si surge de la necesidad de tomar decisiones críticas inmediatas, o con datos insuficientes o imprecisos.

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La información insalubre III: manipulación y otras toxicidades

La información insalubre III: manipulación y otras toxicidades

Donde finaliza el estudio de los principales tipos de manipulación y se analiza aquella información tóxica cuya responsabilidad es difícil, o imposible, de atribuir a un agente concreto.

2. TIPOLOGÍA DE LA INFORMACIÓN INSALUBRE
2.1. Problemática informativa con responsabilidad identificable
2.1.2 Manipulación
ll. Efecto masa
Doblega la voluntad de la persona, haciéndole creer que se está fraguando un movimiento masivo de individuos comprometidos con una determinada idea. Lo de menos es si ésta es falsa o cuenta con un apoyo minoritario. Se trata de una estrategia que aprovecha el instinto de supervivencia del receptor: por un lado, porque el individuo suele preferir estar en el bando ganador. Por otro, porque se infunde cierto temor y/o inseguridad en aquellos que se ven aislados de la masa. Es típico de ciertas comunidades virtuales de Internet. En ellas un individuo o grupúsculo mediocre intenta imponer sus ideas a los demás, adoptando múltiples identidades anónimas que se apoyan unas a otras. Esta técnica se ha empleado en algunos foros financieros norteamericanos para inflar o derribar acciones de empresas de baja capitalización, lo cual ha terminado con el ingreso en prisión de más de un sujeto malintencionado.
Pero eso no es todo, una consecuencia aterradora del efecto masa es la disolución de la culpabilidad y la sensación de poder que se le puede inculcar al manipulado. Entonces, se hace fácil justificar matanzas, destruir propiedades públicas o privadas, linchar a sujetos nones gratos, etc., al perderse el temor al castigo.
El efecto masa puede partir de un emisor conocido (un dictador en un estrado, sin ir más lejos) y/o de varios emisores situados estratégicamente (partidarios de ese mismo dictador  localizados entre el público, siendo a veces más importante su ubicación que su número).
El empleo de esta variante desinformativa se da individuos manipuladores, egocéntricos y, con frecuencia, aquejados de un complejo de inferioridad que les impide actuar si no es ganándose el apoyo incondicional del auditorio.
La invocación del efecto masa es una característica de los regímenes totalitarios -y a menudo de los democráticos- que los diferencia de los absolutistas.
m. Mecanismo de proyección
El emisor hace uso de un lenguaje (oral, visual, escrito...) por el que el receptor siente empatía o aprecio, con la pretensión de que acepte con facilidad la información otorgada. Es tragicómico ver cómo muchos políticos se acercan al pueblo llano a repartir abrazos, guiños y apretones de manos en épocas preelectorales; o bien, cómo actúan en karaokes, bailes, etc., en busca de la adhesión del votante.
n. Transferencia ideológica
Consiste en atribuir pensamientos, palabras o argumentos espurios al adversario. Es una mentira en toda regla que busca deformar los planteamientos ajenos en beneficio de los esgrimidos por el manipulador. El Tribunal de la Santa Inquisición empleó estos procedimientos con gran astucia -y cobardía- para enjuiciar a todo tipo de herejes, auténticos y falsos. Muchos de ellos simples enfermos mentales. En esta situación el acusado no tenía casi amparo, sobre todo si padecía algún trastorno psiquiátrico. Ello motivó una famosa denuncia de Voltaire en su "Diccionario filosófico", donde espetó que "sólo la acción de la Filosofía ha curado a los hombres de esta abominable quimera, enseñando a los jueces que no hay que quemar a los imbéciles". Bien es verdad que Voltaire se refería a los acusados de brujería y que no todos ellos padecían taras mentales, aunque también es sabido que este gremio estaba integrado por una proporción considerable de disminuidos psíquicos y trastornados.
ñ. Efecto pánico
Es una apelación al miedo del receptor para que acoja el mensaje del emisor sin plantearse otras opciones, pues su rechazo conllevaría enfrentarse a un supuesto peligro inminente. Este tipo de argumentos suele ampararse en la amenaza indirecta y en el prejuicio, tal y como ocurrió en la Alemania nazi frente a los judíos, o en la justificación de ciertas guerras preventivas.
o. Distracción
Pretende encubrir acontecimientos o situaciones no deseadas mediante cortinas de humo. Es decir, se anteponen informaciones poco relevantes para tapar otras cuya difusión no interesa. Es típica de los escándalos políticos, que casi siempre se acompañan de una potente maquinaria desinformadora con noticias curiosas, falsas, obsoletas o estrambóticas, generadas en tiempo récord.
p. Otras estrategias de retórica perversa
Incluyen la dicotomización, las analogías imperfectas, las metáforas malintencionadas, los plagios, etc. Las posibilidades son inmensas y su análisis superaría las metas del ensayo.

B. Argucias audiovisuales
Son de lo más variado y se basan en modificar imágenes y/o sonidos con la intención de engañar al receptor, mofarse del adversario, reforzar ideas, etc. No hace falta acudir a épocas recientes para advertir estos embelecos. Muchos pintores clásicos hacían retratos de sus mecenas y benefactores, de grandes personalidades, etc., mejorando sus rasgos para conferirles un porte majestuoso que ya les gustaría tener. A esto hay que añadir las ostentosas alegorías imperiales, como las de los Austrias y los Borbones, que ocultaban situaciones desastrosas, buscaban la adhesión del pueblo y/o creaban espejismos de poder ante potencias extranjeras. No pueden olvidarse caricaturas divertidas con fines partidistas, como las que integraban la iconografía española enemiga de los hermanos Bonaparte, donde Napoleón era tildado de tonto peligroso y José de borracho perpetuo.
Los trucajes más verosímiles comenzaron con la fotografía, donde montajes más o menos simplones permitían ver a personajes públicos en escenarios inexistentes, fabricar situaciones irreales, etc. Algunas veces, los montajes resultaban de lo más burdos: con sombras y luces independientes en los elementos de fondo, vivos y muertos en perfecta armonía, etc.
Hoy en día los engaños audiovisuales están amparados por la informática. Se combinan imágenes y sonidos que no se corresponden, se distorsionan identidades o, incluso, se fabrican montajes irreales basados en la falacia ad hominem.
Los sonidos independientes de la imagen tampoco están libres de manipulación. Las falsas psicofonías son una buena manera de vivir a costa de la ingenuidad de la gente. Lo mismo ocurre al "maquillar" la voz de cantantes que sólo triunfarían por su físico, al crear sonidos de animales inexistentes, etc.
Sin embargo, los engaños audiovisuales no tienen por qué implicar un trucaje activo. Siempre se podrá encontrar una imagen o un comentario inapropiados y, si no es suficiente, existe la alternativa de sacarlos de contexto. 

C. Otras técnicas
Son muy diversas e incluyen el chantaje y/o coacción del orador para que mienta, los cortes de emisión o de suministro eléctrico aparentemente involuntarios, las acusaciones falsas por vía judicial que retrasan investigaciones, etc. Quizás la estratagema más común sea la censura velada, que se tratará con más detenimiento:
Consiste en dificultar el acceso del público a determinados materiales y fuentes. Suele basarse en la descatalogación de libros, documentos gráficos, obras de arte, etc., sin reconocer que el objetivo real es censurar una idea. En su lugar, suele argüirse que el producto no era demandado, que no se sabe qué ha podido ocurrir con él, que el proveedor dejó de producirlo, etc. No se trata de una censura en toda regla, pues los originales o sus copias suelen estar a buen recaudo en depósitos oficiales. Eso sí, no son fáciles de obtener. Es lo que ocurre con una buena parte del material bibliográfico nacionalsocialista, cuyo acceso está sumamente restringido. Dichas limitaciones también pueden extenderse al requerimiento de permisos especiales, amparándose en las excusas más peregrinas.

2.2. Problemática informativa con responsabilidad no identificable
Es aquella en la que no se puede determinar la responsabilidad de un autor específico. En líneas generales, es menos peligrosa que la anterior porque no implica un intento persistente de manipulación. Estas informaciones lesivas se generan de forma espontánea a través de las interacciones humanas, por situaciones ajenas imprevisibles y/o inevitables, etc. y son más frecuentes de lo que se piensa. Lo que ocurre es que suelen pasar desapercibidas ya que nos hemos acostumbrado a la mayoría de ellas. Sus consecuencias son inesperadas, pudiendo ser positivas en un momento dado y negativas en otros. O neutras.
Algunos ejemplos de esta información insalubre ocurren en ciertas poblaciones que abandonan sus hogares ante un amago de erupción volcánica. Imagínese que el volcán no llega a expulsar lava, gases, ni cenizas y permanece en ese estado los 500 años siguientes, pero la gente dejó sus casas a sabiendas de que les robarían sus enseres. Cuando regresan se topan con una sustracción masiva en el pueblo. ¿De quién es la culpa? Dejando aparte la de los ladrones, la responsabilidad de su abandono sería del volcán al dar el amago. Es evidente que culpar a una formación geológica resulta ridículo. Ahora bien, no puede olvidarse que el emisor de la señal de pánico fue dicho volcán.
Otro caso extremo es el de los "efectos masa no dirigidos", que ya fueron mencionados, en términos análogos, por E. Canetti. Entre otras cosas, aparecen al enardecer a un grupo enorme de personas. Si el manipulador de turno carece de elementos de seguridad suficientes (fuerzas del orden, vigilancia privada, vallas, etc.), es posible que la masa se desboque. A lo mejor él pretendía denunciar una determinada irregularidad pero la situación se le escapa de las manos: la masa revienta el auditorio, destroza todo un barrio y se le lleva a él por delante. El emisor jamás pensó que se alcanzaría esa tesitura y sus palabras y gestos nunca tuvieron esa finalidad. A su pesar, el "superorganismo masa" actuó con independencia de él, haciendo una interpretación propia y colectiva de la exposición. Con un número ingente de energúmenos, la culpabilidad estaría tan diluida que es imposible definirla con claridad. Habrá cabezas de turco pero serán elegidos sin demasiada precisión. Achacar la responsabilidad al orador tampoco sería adecuado: él no pretendía ese resultado. En otro escenario, con diferentes oyentes o en otro momento podía no haber ocurrido. ¿Tuvieron la culpa las copas que se sirvieron a la entrada?, ¿el emisor?, ¿cierta frustración social?, ¿un fracaso educativo generalizado?, ¿determinadas palabras del emisor que -sin pretenderlo- activaron recuerdos dolorosos?, ¿las fuerzas del orden que no vieron demasiado riesgo? No. Era impredecible y no había una causa primordial. La actuación judicial será, casi con seguridad, imperfecta.

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La información insalubre II: iniciándose en la manipulación

La información insalubre II: iniciándose en la manipulación

En esta parte se abordarán los principales tipos de manipulación ilustradas con algunos ejemplos.
2. TIPOLOGÍA DE LA INFORMACIÓN INSALUBRE
2.1. Problemática informativa con responsabilidad identificable

2.1.2 Manipulación
Aunque la negligencia es más abundante en los "mass media" de los países democráticos, los efectos de la manipulación resultan más devastadores para las mentes de sus habitantes.
Thomas Jefferson, tercer presidente de Estados Unidos, escribió en su "Proyecto de ley sobre libertad religiosa en Virginia": "la verdad es grande y prevalecerá si queda librada a sí misma. Es el antagonista adecuado y suficiente del error, y nada tiene que temer en el conflicto con él si no es despojada por interposición humana de sus armas naturales: la libre argumentación y el debate". La confianza que el liberal Jefferson depositó en la verdad es digna de elogio. Por desgracia, no parece haber tomado en consideración a Aristófanes. En su incisiva obra, "Las nubes", dicho autor ilustra la situación en que un argumento perverso y/o irracional puede triunfar sobre otro con pretensión de verdad, algo que los sofistas conocían muy bien. Y es que a menudo, la efectividad de un argumento depende más de la presentación del emisor y de la capacidad crítica del receptor, que de la veracidad de su contenido. Esta degeneración subjetivista de la retórica también fue advertida -entre otros- por Sócrates. En el "Gorgias" de Platón, afirmó que "o la retórica va dirigida a los ignorantes y es extraña a la verdad, o se inspira en la verdad y es peligrosa si se deja en manos de cualquiera". Se hace evidente, pues, que la manipulación de la información no es algo nuevo. Es posible que su origen esté próximo a la aparición de un lenguaje medianamente complejo. Éste, permitiría al hombre primitivo extraer información de las experiencias de terceros sin tener que observarles, lo cual aumentaría sus probabilidades de supervivencia. Ahora bien, el regalo contenía un inconveniente: la puerta a un mundo nuevo de embelecos. Así, mientras el conocimiento fue perfeccionándose, la capacidad del ser humano para crear ilusiones no se quedó rezagada sino que le acompañó en su paso por la Historia. Durante dicho viaje, se nutrió del conocimiento para ir ganando en eficacia. Ya en los últimos siglos, las principales características que diferencian a la manipulación informativa son su sofisticación y su presencia ubicua.
El estudio de dicha manipulación es complejo, por lo que se hace imperativo adoptar una definición convencional de la misma. El diccionario de la RAE la define como el acto de "intervenir con medios hábiles y, a veces arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares". De aquí se desprenden varias conclusiones:
1ª. La manipulación implica un acto de persuasión.
2ª. Incluye la seducción en su vertiente más peyorativa, o sea, la del engaño.
3ª. Está al servicio de los intereses de unos pocos.
Conviene resaltar las 2 primeras porque muestran la verdadera naturaleza de la manipulación: la existencia conjunta de la persuasión y el engaño. La manipulación no es una mera persuasión aristotélica ya que, según Aristóteles, ésta última no lleva aparejada una connotación negativa. Su finalidad es la búsqueda intencionada de la adhesión racional y consciente del receptor. En esencia, la persuasión que propone constituye el corazón mismo de la retórica sana. No así de la sofista, donde es más importante la victoria dialéctica que la búsqueda de la verdad.
Por otro lado, no debe olvidarse que la manipulación sirve a intereses particulares, ya sean gobiernos, ciudadanos aislados o grupos de poder de toda índole. Es decir, esparcir un rumor sin ánimo de beneficio no se consideraría un acto manipulador al carecer de intencionalidad fáctica. Ahora bien, el pretendido beneficio no tiene por qué ser tangible. Simplemente, pretender que otro piense como nosotros haciendo uso del engaño taimado es una manipulación. El motivo es la presencia de un interés psicológico de fondo que podría traducirse en una acción futura.
Sin más dilación, se comentarán las técnicas de persuasión sofista más corrientes, que constituyen lo que se conoce como "desinformación". Con ella se pretende silenciar o manipular la verdad, haciendo un uso malintencionado de la libertad de expresión.
A grandes rasgos, se diferencian 3 estrategias desinformativas: retórica perversa, argucias audiovisuales y un cajón de sastre que denominaremos "otras técnicas".

A. Retórica perversa
Incluye métodos muy variados para materializar una argumentación que compensa su fragilidad con unas maneras pérfidas, más orientadas a una adhesión instintiva que a la reflexión.
a. Satanización (demonización)
Consiste en un ataque feroz al adversario, acusándole de un problema, inmoralidad, acción indebida, etc., con independencia de que sean ciertos o falsos. Cuando se trata de denunciar alguna injusticia, la satanización puede resultar provechosa y necesaria. Su carga negativa aparece al pretender desprestigiar al adversario a toda costa, promoviendo el odio hacia él e impidiendo un análisis imparcial de sus argumentos. Es muy frecuente que contenga la falacia ad hominem, la ironía, frases de gran calado, etc. Unas satanizaciones típicas son aquellas en las que se califica a un demócrata de ideología opuesta de estalinista, fascista o nacionalsocialista. Con ello, se le hace partícipe indirecto de los genocidios cometidos por estos regímenes totalitarios. En caso de que fuera poco dialogante se le podría haber tildado de autoritario, término más apropiado y de menor carga demonizadora.
b. Iteración maligna
Es la repetición de una "consigna" hasta la saciedad para que quede grabada en la mente del receptor. Suele ser independiente de cualquier razonamiento y, a veces, incluso lo evita, pues sólo busca la adhesión irracional. Aquello que se itera puede ser un anhelo (el famoso "Ein Volk, ein Reich, ein Führer" hitleriano), una certeza (la letanía de "sin gastos ni comisiones" que puede dificultar la búsqueda de mayores rentabilidades) o una falsedad (cuando se dice que la cooperación o el egoísmo -separadamente- surgen del orden social natural o espontáneo). Esto último suele ser lo más grave por el riesgo de que ciertos aspectos de la realidad se distorsionen por completo. La utilidad de iterar falsedades con alevosía ya la mencionó J. Goebbels en su diario: "afirma una mentira 100 veces y al cabo todo el mundo la creerá como un hecho fidedigno". La aplicación práctica de repeticiones malignas se hace muy patente en los eslóganes políticos y publicitarios, en las liturgias religiosas, etc. Es una técnica muy simple y efectiva de manipulación, mucho más peligrosa de lo que parece a simple vista.
c. Abuso del argumento de autoridad
Durante un debate o exposición, apelar a las razones de una autoridad es perfectamente legítimo. Ahora bien, es necesario que sus ideas sean verificables y/o contrastables, y que la autoridad sea competente desde un punto de vista intelectual. El argumento de autoridad no debe usarse a menudo y sólo cuando su verificación suponga una demora excesiva o una desvirtuación del objeto a tratar. Hay que tener un cuidado especial cuando la autoridad es incompetente, por ser inexperto en el tema, un necio, un orate o un farsante. El argumento procedente de una autoridad impertinente puede resultar de lo más nocivo para la sociedad y el conocimiento en general. Dos paradigmas de las consecuencias desastrosas del argumento de autoridad se hicieron tangibles en la Unión Soviética y en la Alemania nazi. En el 1º, la visión absurda sobre la selección artificial que tenía T. D. Lissenko, contribuyó de manera notable a las terribles hambrunas soviéticas. J. Monod puso de relieve lo inaudito del caso al escribir: "que un charlatán autodidacta y fanático haya dispuesto en su país, a mediados del siglo XX, de todos los medios del poder para imponer en biología una teoría inepta y en agricultura unas prácticas ineficaces, cuando no catastróficas; que este iluminado llegara a lanzar una censura oficial sobre la enseñanza y la práctica de una de las disciplinas biológicas fundamentales, la genética, es algo que sobrepasa la imaginación". En mi modesta opinión, Monod se quedó corto.
En el 2º paradigma, destaca el liderazgo del programa nuclear alemán por W. K. Heisenberg, que fue uno de los factores más decisivos en la derrota del Eje. No obstante, el fallo de dicho científico en la dirección del programa atómico nazi es más disculpable ya que -quizás- salvó muchas vidas; además, ni que decir tiene que la capacidad científica de Heisenberg era infinitamente superior a la de Lissenko. 
d. Particularización
Consiste en ampararse en casos aislados -a veces fuera de contexto- para desmantelar una idea que, en términos generales, es cierta. La menguante polémica sobre la peligrosidad de los alimentos transgénicos para la salud humana es una manipulación de este tipo. Es cierto que algunos roedores han muerto al ingerir determinados alimentos transgénicos en elevadas cantidades y que no son inocuos al 100% (como sucede con cualquier comestible). Sin embargo, su riesgo no es superior al de otros alimentos que se están comercializando con total naturalidad. De hecho, se someten a controles, ensayos toxicológicos e investigaciones más exhaustivas que los restantes nuevos alimentos. En estos, su proceso de fabricación no está sometido a una supervisión especial tan intensa y -muy a menudo- carecen de cualquier tipo de aval científico. Por desgracia, el miedo a los avances genéticos unido a ciertos intereses económicos injustificables, han golpeado con dureza a los productores de este tipo de alimentos.
e. Eufemismos
Se emplean para quitar hiero a un asunto en el que no interesa que el receptor tome conciencia de su gravedad. Es muy común en las informaciones de guerra, ya que no conviene que la acción de combate carezca de soporte popular. Resulta vergonzoso el abuso de la expresión "daños colaterales" por parte de los altos mandos del ejército estadounidense al referirse a las víctimas inocentes en guerras, como la de Vietnam, la de Afganistán o las dos de Irak. Otro ejemplo sangrante de eufemismo es el de las llamadas "mujeres de solaz" del ejército japonés durante la II Guerra Mundial. Dichas "mujeres" no eran otra cosa que niñas y jóvenes procedentes de Filipinas, Tailandia, Vietnam, Malasia, China, Corea, Japón, Indonesia y otros territorios ocupados por el ejército nipón, secuestradas y utilizadas como esclavas sexuales en contra de su voluntad. Muchas de ellas mutiladas, torturadas y/o asesinadas.
El eufemismo tiene un efecto muy pernicioso sobre la mente del receptor, pues distorsiona su concepto de justicia y le vuelve insensible a las atrocidades.
f. Terminología difusa
Algunas palabras como "libertad", "grandeza", "igualdad" y "honor", entre otras, tienen un  intenso contenido emocional pero poca utilidad racional si carecen de un contexto de aplicación apropiado. Resulta curioso que unos términos que evocan valores humanos positivos sean de uso común entre los dirigentes totalitarios para aferrarse al poder. Basta con establecer unos límites o un marco enfermizo para que justifiquen los actos más detestables.
g. Exageración y simplificación
Suele referirse a las bondades propias y/o a los fallos del adversario, aunque abarca un repertorio muy diverso. En cualquier caso, lo que se busca es una aceptación fanática con la menor discusión posible. En ocasiones se desvirtúa por completo la argumentación, engendrándose una idea falsa en extremo. Por ejemplo, al afirmar que "la droga mata", se está sometiendo a todas las drogas a un mismo rasero arbitrario pues algunas son casi inocuas, otras conllevan un mayor o menor riesgo y las hay que incluso pueden ser muy beneficiosas. Además, se ignoran otros parámetros como la dosis, el ambiente, la finalidad de consumo, la sensibilidad individual, etc.
h. Redefinición
Consiste en cambiar el significado de palabras o ideas para generar una ilusión de coherencia. Un ejemplo de redefinición famosa es la "Revolución Cultural" de Mao, cuya pretensión era aplastar todo tipo de culturas ajenas al régimen con el fin de implantar la suya. Por supuesto, llevándose por delante personas, monumentos, libros, manuscritos, etc. Es decir, más que una revolución cultural consistió en un exterminio de la cultura.
i. Revisionismo histórico
Busca transformar hechos pasados para garantizar una supremacía moral, intelectual, etc. sobre el adversario y/o sobre el pueblo. De este modo, manipulando el pasado se adquiere un mayor control del presente y del futuro inmediato. El revisionismo histórico ha acompañado al hombre desde tiempos inmemoriales. Ya en el Antiguo Egipto muchos faraones tenían la (mala) costumbre de borrar los nombres de sus predecesores en los cartuchos para grabar los suyos. Así, se proclamaban autores de grandes monumentos y gestas, favoritos de los dioses, etc. Las modalidades de esta técnica incluyen el estudio parcial de acontecimientos, su ocultación, la destrucción de pruebas, silenciar testigos molestos, etc. A corto plazo suele ser efectivo pero, a la larga, la farsa cae por su propio peso. 
j. Oscurecimiento
Se emplean expresiones sibilinas y ambiguas que no obedecen a una correcta definición argumental, sino a confundir al receptor, permitirle elaborar interpretaciones contradictorias, etc. A simple vista, se puede confundir con la llamada "terminología difusa". La diferencia estriba en que ésta hace uso de vocablos generales con evocación positiva para el receptor. En cambio, el oscurecimiento no busca tanto una adhesión como la inoperancia del receptor o el "hablar sin decir nada" para "no pillarse los dedos". Suele hacer acto de presencia en mítines electorales, declaraciones de interés financiero, anuncios publicitarios, etc.
k. Terminología disuasoria
Es aquella que dificulta la consideración de otras posibilidades. Alude a palabras que conducen al pensamiento unidireccional, reforzando innecesariamente la idea principal. Algunos ejemplos son las expresiones: "lo vi con mis propios ojos", "adhesión inquebrantable", "totalmente lleno", etc. Este uso perverso del pleonasmo y del refuerzo viciado ya fue denunciado por N. Chomsky.
l. Perversión científica
Es muy utilizada para conferir carácter científico a un texto que carece de él, o bien para distorsionar el carácter científico de uno que ya lo poseía. Esta ignominia tiene múltiples facetas: selección discrecional de artículos; estadísticas no concluyentes y/o interpretación errónea de las mismas; manejo de datos absolutos o relativos, según convenga; abuso de terminología especializada, etc.

 

Imagen: Napoleón Bonaparte, pionero en el dudoso arte de la manipulación informativa y hábil estructurador de la información.

 

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La información insalubre I: toma de contacto

La información insalubre I: toma de contacto

1. INTRODUCCIÓN

Atendiendo a una perspectiva histórica y biológica, la transmisión de información se ha mostrado esencial para la supervivencia del ser humano. Le ha permitido adaptarse a diversas condiciones y desarrollar una cultura única en el reino animal. El flujo de información que manejan los seres humanos es muy superior, en cantidad y complejidad, al del resto de seres vivos, hecho que se hace patente en casi todos sus actos volitivos.
Sin embargo, el concepto de información no implica siempre un resultado positivo. Ni  para el receptor, ni para el emisor. Depende de la intencionalidad y capacidad expresiva del emisor, de la captación e interpretación del receptor y de las posibles interferencias que sufra la información durante su transmisión. Éstas, serán mayores cuantos más actores participen en la conducción de un mismo mensaje, pues es casi inevitable que se modifique en ciertos aspectos. De las variables expuestas se deduce que tener más información no es un requisito indispensable para estar "mejor informado", debido a que los mensajes difieren en precisión, veracidad, utilidad, complejidad, etc. Por consiguiente, habrá informaciones no neutrales que afinen el sentido común y el criterio del individuo, mientras que otras pueden mermarlos. En ocasiones, de manera irreversible.
No cabe duda de que la información es relevante por sus consecuencias positivas o negativas sobre el receptor y el emisor, que verán afectados su comportamiento, su capacidad intelectual y hasta su supervivencia. La importancia de la información no es algo nuevo. El engaño, la ruptura de comunicaciones y la persuasión han sido medios comunes para conseguir de los fines deseados. Ello demuestra que "la información es poder" y que, con frecuencia, "la pluma es más fuerte que la espada".
Manejar la información con habilidad (es decir, captarla, procesarla, eliminarla y generarla con destreza), controlar la fuerza y otorgar favores discrecionalmente, son buenos cimientos para mantener el poder. Prescindir de los dos últimos conlleva un riesgo serio de perder el liderazgo. En cambio, ignorar el manejo de la información es un lujo que ningún dirigente se puede permitir.
Hasta la difusión de la imprenta europea, el control de la información hacía un gran hincapié en su bloqueo y ocultación. En el territorio gobernado, gran parte del pueblo llano tenía un acceso muy limitado a informaciones plurales y relevantes, siendo el analfabetismo y el "semiaislamiento" situaciones frecuentes. Con respecto al enemigo, cortar sus comunicaciones y evitar el espionaje eran asuntos de primer orden. Cuando la actuación de la imprenta de Gutenberg se hizo masiva, ocultar y eliminar informaciones empezó a resultar más complicado de lo habitual. En consecuencia, el control se orientó con preferencia a manipular la información existente. Uno de los pioneros en esta nueva estrategia fue Napoleón Bonaparte, auténtico tirano y genio de la estrategia. No sólo organizaba la información recibida con un pragmatismo envidiable, sino que se preocupó por establecer una compleja red de comunicaciones y por manipular a partidarios y adversarios. Para ello, se sirvió de publicaciones con fuerte contenido ideológico y de culto a su persona. Por ejemplo, la conocida "Le Journal de Bonaparte et des hommes vertues". Con menor difusión, las potencias opuestas al régimen napoleónico también ejercieron un papel destacado en el discutible arte de la manipulación. Esto engendró 2 frentes de persuasión: uno, muy cohesionado, en favor de la adhesión al imperio y otro, más o menos atomizado, promotor de la resistencia a los invasores.
En el siglo XX, el control más efectivo de la información corrió a cargo de los sistemas totalitarios; principalmente del soviético, perfeccionado con diversas aportaciones nacionalsocialistas. Las actuaciones se englobaban en dos tipos:
- Manipulación del conocimiento, sobre todo con la desinformación.
- Restricción de la circulación de informaciones no deseadas, merced a una maquinaria implacable de censura y represión.
Los totalitarismos superaron a los absolutismos y otras formas de gobierno tiránicas en el control discriminativo de la información. Su impresionante avance no se remitió a la manipulación más o menos intensa conocida hasta entonces, sino que pretendió una desprogramación y posterior reprogramación de la sociedad, deshumanizando al individuo. Nunca en la Historia se concentraron más esfuerzos por transformar a la persona en una pieza al servicio de la maquinaria gubernamental. Una pieza que, con frecuencia, aceptaba de buen grado su deshumanización. 
Por el contrario, en el mundo democrático la metodología de control informativo se ha orientado en otro sentido. En sus naciones la censura es escasa, pero la manipulación se ha refinado de forma inimaginable, apoyándose en la Ciencia y la Tecnología. El resultado es que un observador más o menos aséptico de un país democrático, encontrará serias dificultades para distinguir lo objetivo de lo subjetivo y lo pervertido. Mientras los regímenes totalitarios emplean técnicas de adhesión groseras, como la repetición machacona de eslóganes y la exaltación de valores impuestos, las democracias han afilado sus estrategias de un modo sibilino. Es típico que actúen en múltiples frentes insospechados, camuflen sus técnicas manipuladoras con habilidad, se amparen en la libertad para minarla desde dentro, etc. Muchas de las manipulaciones informativas tienen el mismo fundamento que las totalitarias y, sin embargo, parecen diametralmente opuestas.
Ante este alud informativo, el receptor siempre resulta dañado en mayor o menor medida. Se muestra indefenso ante el arma más poderosa de todas. Un arma que no busca tanto el miedo como el control del pensamiento. Un arma que se aprovecha de las capacidades cognitivas del ser humano, aquellas que la evolución perfeccionó para su supervivencia. Por si esto fuera poco, la información tiene otro efecto deletéreo: el del "engaño involuntario", debido a confusiones e imprecisiones de diversa naturaleza. En las sucesivas partes de este artículo se estudiará la información insalubre, la forma en que lesiona la salud mental, sus variedades y algunas técnicas para evitarla en lo posible.

 

 

2. TIPOLOGÍA DE LA INFORMACIÓN INSALUBRE

Estudiar las variedades de la información insana -o tal vez menos objetiva de lo deseable- reviste una gran complejidad. Hay muchos abordajes posibles y ninguno es del todo satisfactorio. Algunos generalizan demasiado, mientras que otros ganan en especificidad pero olvidan matices indispensables. Esta parte del ensayo tampoco va a ser perfecta, sólo se remitirá a ofrecer una perspectiva particular del asunto. En este caso se adoptará un criterio de responsabilidad identificable. Es decir, según sea atribuible la causalidad del fenómeno a uno o varios agentes concretos, o no lo sea puesto que todos participaran en ella de distinta forma y sin coordinación.

 

2.1. Problemática informativa con responsabilidad identificable

Se diferencian 2 categorías según la intencionalidad del emisor: negligencia y manipulación.

 

2.1.1. Negligencia

Invirtiendo un mínimo esfuerzo en comprender y contrastar la información que brota de los medios, es fácil apreciar un buen número de desaciertos. Desde simples faltas ortográficas o de pronunciación, hasta dislates de dimensiones inconcebibles. Los fallos por incompetencia no suelen acarrear consecuencias graves aunque, a veces, consiguen desfigurar por completo el mensaje, generando problemas de diversa índole. Afortunadamente, los responsables de los medios suelen corregir los errores de bulto con celeridad, lo cual es de agradecer.
La negligencia se origina de 2 maneras: por la poca profesionalidad del emisor o por la urgencia que requiere dar la noticia antes que la competencia. En realidad, una imprecisión por exceso de premura informativa es una falta de profesionalidad evidente. No obstante, se ha creído conveniente desgranar una de otra por la justificación económica que tienen aquellos errores debidos al apremio en "dar informaciones calientes". Es lógico pensar que un ligero retraso en la difusión de las noticias importantes puede acarrear serias desventajas para los medios rezagados. Aparece pues, un cierto conflicto entre asegurar la fiabilidad de la noticia y satisfacer la necesidad del consumidor. Esta situación especial no se da en los otros equívocos derivados de la falta de profesionalidad. En ellos, la exculpación no suele tener tanto peso, si es que tiene alguno distinto del de la falibilidad humana. Estudiaremos cada caso en profundidad:

A. Negligencia por falta de profesionalidad
Es muy posible que sea la más abundante desde un punto de vista cuantitativo y se debe a una gran diversidad de factores relacionados con la incompetencia. Pueden localizarse en cualquier operación del procesamiento de la información. Entre estos, destacan:
a. Dedicación insuficiente
Aparece cuando el reportero acude al lugar de la noticia pero no permanece el tiempo necesario para recoger la información idónea. Este fenómeno se observa a menudo en las conferencias, congresos, etc., donde algunos profesionales permanecen en la sala durante escasos minutos. De este modo, es fácil que recopilen informaciones incompletas y/o poco fiables. En ocasiones, los interfectos ni siquiera entran en la sala. Sólo preguntan a los asistentes o toman datos de algunos folletos y carteles con tal de no entrar a escuchar a los ponentes. Son notorios los casos sangrantes en los que se comentaron con pelos y señales eventos inexistentes, ya que fueron suspendidos a los pocos minutos de su inicio.
b. Elección errónea de la fuente informativa
En muchos casos no hay una amplia gama de opciones de donde tomar la información, como ocurre con las agencias de noticias, que son limitadas en número. En otras ocasiones, los periodistas tienen acceso nulo o restringido al origen la noticia, lo que les obliga a conformarse con una información de 2ª mano. Sin embargo, es muy frecuente que escojan una fuente inapropiada que podría haberse evitado: un individuo -grupo u organismo- inexperto en la cuestión; una fuente tendenciosa que no identificaron como tal; una fuente más accesible pero de peor calidad, etc.
c. Incomprensión de la información
Se debe a que el profesional se enfrenta a un tema que escapa a sus conocimientos. Cuando esto ocurre, es posible que plasme la noticia de forma somera y/o plagada de errores. Este tipo de negligencia es típica en aquellos asuntos que requieren cierta especialización. Por ejemplo, en los de carácter científico.
d. Fallos memorísticos
Se originan cuando la noticia no es tomada íntegramente de la fuente, sino que se extracta y completa en otro lugar. Si no se ha captado o plasmado con acierto y la memoria no acompaña, es posible que se desvirtúe la esencia del mensaje. La incompetencia por retención inadecuada ha ocasionado conflictos bastante graves y motivado que no pocos personajes de interés público se nieguen a conceder entrevistas a reporteros que no estén acompañados de sistemas de grabación.
e. Razonamientos anómalos 
Surgen al redactar la información obtenida y a menudo son difíciles de detectar incluso para los supervisores, pues no es raro que adopten un aspecto bastante coherente. Sus peores consecuencias son que conducen a conclusiones falsas y que pueden inducir a que se presuponga un acto de mala fe por parte del informador. A continuación se exponen 2 ejemplos ilustrativos:
El 1º hace referencia a un texto mal cohesionado, expuesto por R. G. Damborenea a título de desenmascarar un error argumental. Es el siguiente:
"No se puede decir que los sacerdotes católicos carezcan de responsabilidad en la guerrilla nicaragüense. Todos los revolucionarios de la región son católicos, como los sacerdotes. Es muy probable y más que probable que los sacerdotes sean revolucionarios marxistas, por los que no se les puede considerar inocentes en este conflicto".
A simple vista parece un argumento sólido, pero el error queda al descubierto al desgranarse las premisas de la conclusión:
Premisa 1ª: "Todos los revolucionarios de la región son católicos".
Premisa 2ª: "Todos los sacerdotes de la región son católicos".
Conclusión: "Luego, todos los sacerdotes de la región son revolucionarios".
El fracaso argumentativo radica en que la conclusión no se obtiene de las premisas, pues la 1ª no hace alusión a los sacerdotes. Pese a ello, se emplea para sustentar una conclusión torpe, al ser evidente que entre los católicos habrá revolucionarios y no revolucionarios. Además, el subconjunto católico sacerdotal no tiene por qué coincidir con el subconjunto católico revolucionario.
El 2º ejemplo muestra un razonamiento anómalo más fácil de detectar. En éste sólo hay una premisa, la cual no avala la conclusión del argumento, veámoslo:
"Desde que se instaló la central nuclear a orillas del río, su biodiversidad ha descendido un 30%. Es obvio que el agua procedente del sistema de refrigeración se está vertiendo a una temperatura superior a la legalmente permitida".
En este caso, se atribuye una ilegalidad a la central de forma gratuita. Por si fuera poco, se afirma -sin venir a cuento- que dicha irregularidad es la causa de que merme la biodiversidad del río. El error está en confundir relación con causalidad. Por desgracia, esta modalidad de razonamiento erróneo es bastante común en los medios, a pesar de su escasa dificultad para evidenciarla.
La orquestación de argumentos a partir de razonamientos espurios procede a menudo de los prejuicios, lo cual implica que, en cierta medida, muchos puedan considerarse actos de manipulación involuntarios.
f. Fallos en la supervisión y corrección
En los grandes medios de comunicación, la culpa de una negligencia no debe recaer siempre en el autor de la misma pues debería tener por encima a alguien que se haga cargo de su corrección. En ocasiones el supervisor teme enmendar al articulista u orador, o bien deposita una confianza ciega en él. Otras veces, sencillamente no revisa el escrito, ya sea por falta de tiempo, pereza, etc. Ahora bien, no hay que descartar que el remedio sea peor que la enfermedad. Es decir, que su corrección empeore -o no mejore- la situación.
g. Otras actuaciones negligentes
Son muy diversas por lo que enumerarlas todas superaría los objetivos del artículo. Destacan: captación del mensaje en una situación inapropiada (ruido de fondo, mala visibilidad, etc.), faltas ortográficas independientes del reportero, emisión de imágenes que no se corresponden con la información oral o escrita, problemas en la recepción audiovisual, etc.

B. Negligencia por premura informativa
El ansia por dar la última noticia antes que la competencia es una de las principales causas de errores involuntarios. Por ejemplo, al elegir una fuente de peor calidad, no contrastar informaciones, intentar cubrir demasiados eventos en poco tiempo, hacer una revisión ortográfica apresurada, etc. Hay noticias erradas en las que puede alegarse cierta justificación económica (ya comentada) pero en otras, dicha exculpación no es admisible. ¿La razón?, que la noticia ha quedado tan deformada que hubiera sido preferible abstenerse de publicarla, pues es imposible extraer conclusiones válidas del mensaje.

 

En la siguiente parte se continuará con la manipulación informativa, un aspecto más complejo y polémico que la simple negligencia.

 

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