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La información insalubre III: manipulación y otras toxicidades

La información insalubre III: manipulación y otras toxicidades

Donde finaliza el estudio de los principales tipos de manipulación y se analiza aquella información tóxica cuya responsabilidad es difícil, o imposible, de atribuir a un agente concreto.

2. TIPOLOGÍA DE LA INFORMACIÓN INSALUBRE
2.1. Problemática informativa con responsabilidad identificable
2.1.2 Manipulación
ll. Efecto masa
Doblega la voluntad de la persona, haciéndole creer que se está fraguando un movimiento masivo de individuos comprometidos con una determinada idea. Lo de menos es si ésta es falsa o cuenta con un apoyo minoritario. Se trata de una estrategia que aprovecha el instinto de supervivencia del receptor: por un lado, porque el individuo suele preferir estar en el bando ganador. Por otro, porque se infunde cierto temor y/o inseguridad en aquellos que se ven aislados de la masa. Es típico de ciertas comunidades virtuales de Internet. En ellas un individuo o grupúsculo mediocre intenta imponer sus ideas a los demás, adoptando múltiples identidades anónimas que se apoyan unas a otras. Esta técnica se ha empleado en algunos foros financieros norteamericanos para inflar o derribar acciones de empresas de baja capitalización, lo cual ha terminado con el ingreso en prisión de más de un sujeto malintencionado.
Pero eso no es todo, una consecuencia aterradora del efecto masa es la disolución de la culpabilidad y la sensación de poder que se le puede inculcar al manipulado. Entonces, se hace fácil justificar matanzas, destruir propiedades públicas o privadas, linchar a sujetos nones gratos, etc., al perderse el temor al castigo.
El efecto masa puede partir de un emisor conocido (un dictador en un estrado, sin ir más lejos) y/o de varios emisores situados estratégicamente (partidarios de ese mismo dictador  localizados entre el público, siendo a veces más importante su ubicación que su número).
El empleo de esta variante desinformativa se da individuos manipuladores, egocéntricos y, con frecuencia, aquejados de un complejo de inferioridad que les impide actuar si no es ganándose el apoyo incondicional del auditorio.
La invocación del efecto masa es una característica de los regímenes totalitarios -y a menudo de los democráticos- que los diferencia de los absolutistas.
m. Mecanismo de proyección
El emisor hace uso de un lenguaje (oral, visual, escrito...) por el que el receptor siente empatía o aprecio, con la pretensión de que acepte con facilidad la información otorgada. Es tragicómico ver cómo muchos políticos se acercan al pueblo llano a repartir abrazos, guiños y apretones de manos en épocas preelectorales; o bien, cómo actúan en karaokes, bailes, etc., en busca de la adhesión del votante.
n. Transferencia ideológica
Consiste en atribuir pensamientos, palabras o argumentos espurios al adversario. Es una mentira en toda regla que busca deformar los planteamientos ajenos en beneficio de los esgrimidos por el manipulador. El Tribunal de la Santa Inquisición empleó estos procedimientos con gran astucia -y cobardía- para enjuiciar a todo tipo de herejes, auténticos y falsos. Muchos de ellos simples enfermos mentales. En esta situación el acusado no tenía casi amparo, sobre todo si padecía algún trastorno psiquiátrico. Ello motivó una famosa denuncia de Voltaire en su "Diccionario filosófico", donde espetó que "sólo la acción de la Filosofía ha curado a los hombres de esta abominable quimera, enseñando a los jueces que no hay que quemar a los imbéciles". Bien es verdad que Voltaire se refería a los acusados de brujería y que no todos ellos padecían taras mentales, aunque también es sabido que este gremio estaba integrado por una proporción considerable de disminuidos psíquicos y trastornados.
ñ. Efecto pánico
Es una apelación al miedo del receptor para que acoja el mensaje del emisor sin plantearse otras opciones, pues su rechazo conllevaría enfrentarse a un supuesto peligro inminente. Este tipo de argumentos suele ampararse en la amenaza indirecta y en el prejuicio, tal y como ocurrió en la Alemania nazi frente a los judíos, o en la justificación de ciertas guerras preventivas.
o. Distracción
Pretende encubrir acontecimientos o situaciones no deseadas mediante cortinas de humo. Es decir, se anteponen informaciones poco relevantes para tapar otras cuya difusión no interesa. Es típica de los escándalos políticos, que casi siempre se acompañan de una potente maquinaria desinformadora con noticias curiosas, falsas, obsoletas o estrambóticas, generadas en tiempo récord.
p. Otras estrategias de retórica perversa
Incluyen la dicotomización, las analogías imperfectas, las metáforas malintencionadas, los plagios, etc. Las posibilidades son inmensas y su análisis superaría las metas del ensayo.

B. Argucias audiovisuales
Son de lo más variado y se basan en modificar imágenes y/o sonidos con la intención de engañar al receptor, mofarse del adversario, reforzar ideas, etc. No hace falta acudir a épocas recientes para advertir estos embelecos. Muchos pintores clásicos hacían retratos de sus mecenas y benefactores, de grandes personalidades, etc., mejorando sus rasgos para conferirles un porte majestuoso que ya les gustaría tener. A esto hay que añadir las ostentosas alegorías imperiales, como las de los Austrias y los Borbones, que ocultaban situaciones desastrosas, buscaban la adhesión del pueblo y/o creaban espejismos de poder ante potencias extranjeras. No pueden olvidarse caricaturas divertidas con fines partidistas, como las que integraban la iconografía española enemiga de los hermanos Bonaparte, donde Napoleón era tildado de tonto peligroso y José de borracho perpetuo.
Los trucajes más verosímiles comenzaron con la fotografía, donde montajes más o menos simplones permitían ver a personajes públicos en escenarios inexistentes, fabricar situaciones irreales, etc. Algunas veces, los montajes resultaban de lo más burdos: con sombras y luces independientes en los elementos de fondo, vivos y muertos en perfecta armonía, etc.
Hoy en día los engaños audiovisuales están amparados por la informática. Se combinan imágenes y sonidos que no se corresponden, se distorsionan identidades o, incluso, se fabrican montajes irreales basados en la falacia ad hominem.
Los sonidos independientes de la imagen tampoco están libres de manipulación. Las falsas psicofonías son una buena manera de vivir a costa de la ingenuidad de la gente. Lo mismo ocurre al "maquillar" la voz de cantantes que sólo triunfarían por su físico, al crear sonidos de animales inexistentes, etc.
Sin embargo, los engaños audiovisuales no tienen por qué implicar un trucaje activo. Siempre se podrá encontrar una imagen o un comentario inapropiados y, si no es suficiente, existe la alternativa de sacarlos de contexto. 

C. Otras técnicas
Son muy diversas e incluyen el chantaje y/o coacción del orador para que mienta, los cortes de emisión o de suministro eléctrico aparentemente involuntarios, las acusaciones falsas por vía judicial que retrasan investigaciones, etc. Quizás la estratagema más común sea la censura velada, que se tratará con más detenimiento:
Consiste en dificultar el acceso del público a determinados materiales y fuentes. Suele basarse en la descatalogación de libros, documentos gráficos, obras de arte, etc., sin reconocer que el objetivo real es censurar una idea. En su lugar, suele argüirse que el producto no era demandado, que no se sabe qué ha podido ocurrir con él, que el proveedor dejó de producirlo, etc. No se trata de una censura en toda regla, pues los originales o sus copias suelen estar a buen recaudo en depósitos oficiales. Eso sí, no son fáciles de obtener. Es lo que ocurre con una buena parte del material bibliográfico nacionalsocialista, cuyo acceso está sumamente restringido. Dichas limitaciones también pueden extenderse al requerimiento de permisos especiales, amparándose en las excusas más peregrinas.

2.2. Problemática informativa con responsabilidad no identificable
Es aquella en la que no se puede determinar la responsabilidad de un autor específico. En líneas generales, es menos peligrosa que la anterior porque no implica un intento persistente de manipulación. Estas informaciones lesivas se generan de forma espontánea a través de las interacciones humanas, por situaciones ajenas imprevisibles y/o inevitables, etc. y son más frecuentes de lo que se piensa. Lo que ocurre es que suelen pasar desapercibidas ya que nos hemos acostumbrado a la mayoría de ellas. Sus consecuencias son inesperadas, pudiendo ser positivas en un momento dado y negativas en otros. O neutras.
Algunos ejemplos de esta información insalubre ocurren en ciertas poblaciones que abandonan sus hogares ante un amago de erupción volcánica. Imagínese que el volcán no llega a expulsar lava, gases, ni cenizas y permanece en ese estado los 500 años siguientes, pero la gente dejó sus casas a sabiendas de que les robarían sus enseres. Cuando regresan se topan con una sustracción masiva en el pueblo. ¿De quién es la culpa? Dejando aparte la de los ladrones, la responsabilidad de su abandono sería del volcán al dar el amago. Es evidente que culpar a una formación geológica resulta ridículo. Ahora bien, no puede olvidarse que el emisor de la señal de pánico fue dicho volcán.
Otro caso extremo es el de los "efectos masa no dirigidos", que ya fueron mencionados, en términos análogos, por E. Canetti. Entre otras cosas, aparecen al enardecer a un grupo enorme de personas. Si el manipulador de turno carece de elementos de seguridad suficientes (fuerzas del orden, vigilancia privada, vallas, etc.), es posible que la masa se desboque. A lo mejor él pretendía denunciar una determinada irregularidad pero la situación se le escapa de las manos: la masa revienta el auditorio, destroza todo un barrio y se le lleva a él por delante. El emisor jamás pensó que se alcanzaría esa tesitura y sus palabras y gestos nunca tuvieron esa finalidad. A su pesar, el "superorganismo masa" actuó con independencia de él, haciendo una interpretación propia y colectiva de la exposición. Con un número ingente de energúmenos, la culpabilidad estaría tan diluida que es imposible definirla con claridad. Habrá cabezas de turco pero serán elegidos sin demasiada precisión. Achacar la responsabilidad al orador tampoco sería adecuado: él no pretendía ese resultado. En otro escenario, con diferentes oyentes o en otro momento podía no haber ocurrido. ¿Tuvieron la culpa las copas que se sirvieron a la entrada?, ¿el emisor?, ¿cierta frustración social?, ¿un fracaso educativo generalizado?, ¿determinadas palabras del emisor que -sin pretenderlo- activaron recuerdos dolorosos?, ¿las fuerzas del orden que no vieron demasiado riesgo? No. Era impredecible y no había una causa primordial. La actuación judicial será, casi con seguridad, imperfecta.

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