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La información insalubre V: consecuencias (2)

La información insalubre V: consecuencias (2)

Continúa la exposición de los perjuicios que puede acarrear la desinformación.

2. Consecuencias generales de índole social
Al igual que en el caso anterior, se señalarán sólo las más significativas pues abarcarlas en su totalidad y de manera detallada sería una tarea imposible de concluir:

2.1. Viraje a la tiranía o al mal gobierno
Es quizás el efecto más destacado y temido. La desinformación puede torcer la voluntad del votante con facilidad. Si no dispone de información suficiente y de calidad y/o no hace un esfuerzo de objetividad en la decisión del sufragio, es posible que contribuya al ascenso de una dictadura disfrazada de democracia o de un partido que merme las libertades individuales, genere injusticias sociales, etc. El auténtico peligro no estriba en que adopte dichas decisiones sino en que lo haga mediante una actuación inconsciente. Es decir, sin pretenderlo.
Por otra parte, no sería descartable que un partido ya instalado en el poder comience a perjudicar a sus ciudadanos por el mero hecho de que estos no se percaten del agravio que les ocasiona o del beneficio que les niega. Esta actuación se hace patente en ciertos países, donde el ciudadano considera que tiene un buen nivel de vida sólo porque ignora otras posibilidades de desarrollo.
La desinformación es uno de los enemigos más peligrosos del sistema democrático pues es capaz de desmantelarlo desde sus entrañas, empleando una libertad de expresión ilegítima como ariete desinformativo. La situación se analizará con detenimiento en próximos capítulos. 

2.2. Agravamiento de la asimetría informativa
La asimetría informativa es una característica intrínseca a cualquier transacción económica e incluso a otros aspectos sociales. Consiste en que en un intercambio de bienes o servicios, siempre habrá un actor mejor informado que otro. Dicho fenómeno ha sido atribuido al sistema capitalista, lo cual es erróneo pues aparecía incluso en los primeros intercambios no monetarios. A grandes rasgos, el que suministra el bien o servicio suele tener más información que el que lo adquiere, mas no en todos los casos.
Los siguientes ejemplos sobre asimetría informativa mejorarán la comprensión del asunto: cualquiera que haya comprado viajes organizados, sabrá que requiere cierta destreza comprender los folletos de las agencias de viajes. Los eufemismos y los vocablos confusos aparecen por doquier, las omisiones de información son habituales y las especificaciones de las tasas no son nítidas. Es decir, la información que suministran al cliente es oscura y, por si fuera poco, incompleta. Éste enfrenta sus intereses a los de una serie de compañías que aprovechan su superioridad informativa para aumentar su beneficio en el intercambio o ya sólo liquidar la transacción. El grado de asimetría variará, entre otros factores, con la experiencia y pericia del cliente. Ahora bien, también puede darse el caso contrario: que la balanza informativa se decante del lado del comprador. Supongamos ahora que adquirimos un cuadro en una almoneda por un precio muy barato. Un día se lo enseñamos a un amigo tasador de Arte que nos informa de que tiene un valor superior al que le adjudicamos. Es por ello que nos lo compra por el doble del precio que pagamos en la almoneda. En su opinión, tirando por lo alto. Si resulta que el tasador sabe que dicho cuadro puede sacarse a la venta por unas 100 veces su precio, estará "abusando" de nosotros en función de la asimetría informativa. Si encima nos lo compra por un precio inferior al que lo hemos adquirido, el engaño le habrá salido redondo.
En el caso de las agencias de viajes, la dura competencia y la difusión de Internet han reducido la asimetría informativa aunque no por completo: los folletos todavía rebosan información insalubre con un más que sospechoso ánimo de confundir al cliente. Tanto en precios como en características del vuelo, alojamientos y excursiones.
Por otra parte, la asimetría informativa ha sido penalizada en muchas transacciones, a veces de un modo drástico. Es lo que sucede en el mercado automovilístico. Aquí, una vez el vehículo abandona el concesionario, se deprecia -por término medio, a día de hoy y en un país desarrollado- un 10-25% respecto a lo abonado al minorista. Esto es así porque el comprador asume que quien vende su automóvil nada más adquirirlo lo hace al haber encontrado alguna característica que no satisface sus necesidades. Con bastante lógica y no poca razón, los otros compradores piensan que pueden correr un riesgo similar. Sin embargo, es posible que el reciente adquisidor lo pusiera a la venta porque ganó un vehículo más deseado en un concurso, porque su situación económica cambió y ya no pueda mantenerlo o porque ha decidido comprarse otro mejor, etc. En tales casos, sería excesiva la "penalización" impuesta por la mayoría de los compradores potenciales.  

2.3. Daños a la integridad de personas y bienes
La información insana puede provocar agresiones físicas, destrucción de propiedades públicas o privadas, aumentos de la criminalidad, etc. Es por ello que amenaza también a los que casi no la sufren y caen en manos de los desquiciados. Como se mencionó en partes anteriores, el efecto masa induce a cometer y defender atrocidades contra cualquiera. La víctima será aplastada sin piedad merced al envalentonamiento y a la supresión del temor al remordimiento.
Ahora bien, la integridad del receptor del veneno mediático tampoco está a cobijo de su patogenicidad. Un ejemplo de ello fue la crisis de 1929, donde los desplomes bursátiles se acentuaron por la extensión del pánico. Si se hubiera comprendido que la situación era grave pero no desesperada, es muy probable que algunos no se hubieran suicidado. El problema es que los mercados y la información ya estaban muy interconectados, con lo que la crisis se extendió como un reguero de pólvora. Un caso más cercano es el de los consumidores de estupefacientes que reciben información engañosa sobre las sustancias que adquieren. Sería un error de bulto desconocer que el poder adictivo y el efecto del crack nada tienen que ver con los de la marihuana. Así, aquél que pase alegremente de un consumo a otro, estará asumiendo un riesgo muy elevado sin saberlo. En la otra cara de la moneda, el no consumidor que reciba sólo mensajes sobre la letalidad de las drogas también estará exponiéndose a la desinformación. Eso sí, con unas consecuencias menos trágicas.

2.4. Aislamiento social, marginación y escarnio soterrado
Son efectos muy nocivos de la información insalubre, relacionados con las consecuencias enunciadas en el primer bloque. Como en los daños directos a la integridad, el afectado puede ser el más alejado de los vapores tóxicos. En algunos casos, un fanático o un dogmático serán marginados en un entorno adverso para su repertorio. En cambio, en otros, el individuo sano puede ser aislado por una legión de zombis manipulados y/o manipuladores. Es lo que sucede en no pocas sectas, donde quien que se percate de la situación enfermiza, será relegado a un 2º plano (incluso al ostracismo) o denigrado por los acólitos. El aislamiento, la marginación y el escarnio soterrado están entre los ataques encubiertos más estresantes para el individuo pues no es igual mantenerse aislado por voluntad propia que por deseo expreso de los que le rodean. Dicha situación puede extenderse al lugar de trabajo, amistades, familia, escuela, etc.  


Antes de dar por finalizada esta parte, se recalcará que las consecuencias expuestas en los 2 grupos pueden darse con mayor o menor intensidad y confluir varias en una misma persona o sociedad. Ningún sujeto o población está libre de padecerlas. Sin embargo el daño más acuciante aflora al convertirse en moneda de cambio frecuente en la sociedad o en uno de los pilares básicos de la conducta individual.

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