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Resumen
- 04/07/2006 17:31 - La información insalubre I: toma de contacto
- 25/07/2006 13:08 - La información insalubre II: iniciándose en la manipulación
04/07/2006
La información insalubre I: toma de contacto

1. INTRODUCCIÓN
Atendiendo a una perspectiva histórica y biológica, la transmisión de información se ha mostrado esencial para la supervivencia del ser humano. Le ha permitido adaptarse a diversas condiciones y desarrollar una cultura única en el reino animal. El flujo de información que manejan los seres humanos es muy superior, en cantidad y complejidad, al del resto de seres vivos, hecho que se hace patente en casi todos sus actos volitivos.
Sin embargo, el concepto de información no implica siempre un resultado positivo. Ni para el receptor, ni para el emisor. Depende de la intencionalidad y capacidad expresiva del emisor, de la captación e interpretación del receptor y de las posibles interferencias que sufra la información durante su transmisión. Éstas, serán mayores cuantos más actores participen en la conducción de un mismo mensaje, pues es casi inevitable que se modifique en ciertos aspectos. De las variables expuestas se deduce que tener más información no es un requisito indispensable para estar "mejor informado", debido a que los mensajes difieren en precisión, veracidad, utilidad, complejidad, etc. Por consiguiente, habrá informaciones no neutrales que afinen el sentido común y el criterio del individuo, mientras que otras pueden mermarlos. En ocasiones, de manera irreversible.
No cabe duda de que la información es relevante por sus consecuencias positivas o negativas sobre el receptor y el emisor, que verán afectados su comportamiento, su capacidad intelectual y hasta su supervivencia. La importancia de la información no es algo nuevo. El engaño, la ruptura de comunicaciones y la persuasión han sido medios comunes para conseguir de los fines deseados. Ello demuestra que "la información es poder" y que, con frecuencia, "la pluma es más fuerte que la espada".
Manejar la información con habilidad (es decir, captarla, procesarla, eliminarla y generarla con destreza), controlar la fuerza y otorgar favores discrecionalmente, son buenos cimientos para mantener el poder. Prescindir de los dos últimos conlleva un riesgo serio de perder el liderazgo. En cambio, ignorar el manejo de la información es un lujo que ningún dirigente se puede permitir.
Hasta la difusión de la imprenta europea, el control de la información hacía un gran hincapié en su bloqueo y ocultación. En el territorio gobernado, gran parte del pueblo llano tenía un acceso muy limitado a informaciones plurales y relevantes, siendo el analfabetismo y el "semiaislamiento" situaciones frecuentes. Con respecto al enemigo, cortar sus comunicaciones y evitar el espionaje eran asuntos de primer orden. Cuando la actuación de la imprenta de Gutenberg se hizo masiva, ocultar y eliminar informaciones empezó a resultar más complicado de lo habitual. En consecuencia, el control se orientó con preferencia a manipular la información existente. Uno de los pioneros en esta nueva estrategia fue Napoleón Bonaparte, auténtico tirano y genio de la estrategia. No sólo organizaba la información recibida con un pragmatismo envidiable, sino que se preocupó por establecer una compleja red de comunicaciones y por manipular a partidarios y adversarios. Para ello, se sirvió de publicaciones con fuerte contenido ideológico y de culto a su persona. Por ejemplo, la conocida "Le Journal de Bonaparte et des hommes vertues". Con menor difusión, las potencias opuestas al régimen napoleónico también ejercieron un papel destacado en el discutible arte de la manipulación. Esto engendró 2 frentes de persuasión: uno, muy cohesionado, en favor de la adhesión al imperio y otro, más o menos atomizado, promotor de la resistencia a los invasores.
En el siglo XX, el control más efectivo de la información corrió a cargo de los sistemas totalitarios; principalmente del soviético, perfeccionado con diversas aportaciones nacionalsocialistas. Las actuaciones se englobaban en dos tipos:
- Manipulación del conocimiento, sobre todo con la desinformación.
- Restricción de la circulación de informaciones no deseadas, merced a una maquinaria implacable de censura y represión.
Los totalitarismos superaron a los absolutismos y otras formas de gobierno tiránicas en el control discriminativo de la información. Su impresionante avance no se remitió a la manipulación más o menos intensa conocida hasta entonces, sino que pretendió una desprogramación y posterior reprogramación de la sociedad, deshumanizando al individuo. Nunca en la Historia se concentraron más esfuerzos por transformar a la persona en una pieza al servicio de la maquinaria gubernamental. Una pieza que, con frecuencia, aceptaba de buen grado su deshumanización.
Por el contrario, en el mundo democrático la metodología de control informativo se ha orientado en otro sentido. En sus naciones la censura es escasa, pero la manipulación se ha refinado de forma inimaginable, apoyándose en la Ciencia y la Tecnología. El resultado es que un observador más o menos aséptico de un país democrático, encontrará serias dificultades para distinguir lo objetivo de lo subjetivo y lo pervertido. Mientras los regímenes totalitarios emplean técnicas de adhesión groseras, como la repetición machacona de eslóganes y la exaltación de valores impuestos, las democracias han afilado sus estrategias de un modo sibilino. Es típico que actúen en múltiples frentes insospechados, camuflen sus técnicas manipuladoras con habilidad, se amparen en la libertad para minarla desde dentro, etc. Muchas de las manipulaciones informativas tienen el mismo fundamento que las totalitarias y, sin embargo, parecen diametralmente opuestas.
Ante este alud informativo, el receptor siempre resulta dañado en mayor o menor medida. Se muestra indefenso ante el arma más poderosa de todas. Un arma que no busca tanto el miedo como el control del pensamiento. Un arma que se aprovecha de las capacidades cognitivas del ser humano, aquellas que la evolución perfeccionó para su supervivencia. Por si esto fuera poco, la información tiene otro efecto deletéreo: el del "engaño involuntario", debido a confusiones e imprecisiones de diversa naturaleza. En las sucesivas partes de este artículo se estudiará la información insalubre, la forma en que lesiona la salud mental, sus variedades y algunas técnicas para evitarla en lo posible.
2. TIPOLOGÍA DE LA INFORMACIÓN INSALUBRE
Estudiar las variedades de la información insana -o tal vez menos objetiva de lo deseable- reviste una gran complejidad. Hay muchos abordajes posibles y ninguno es del todo satisfactorio. Algunos generalizan demasiado, mientras que otros ganan en especificidad pero olvidan matices indispensables. Esta parte del ensayo tampoco va a ser perfecta, sólo se remitirá a ofrecer una perspectiva particular del asunto. En este caso se adoptará un criterio de responsabilidad identificable. Es decir, según sea atribuible la causalidad del fenómeno a uno o varios agentes concretos, o no lo sea puesto que todos participaran en ella de distinta forma y sin coordinación.
2.1. Problemática informativa con responsabilidad identificable
Se diferencian 2 categorías según la intencionalidad del emisor: negligencia y manipulación.
2.1.1. Negligencia
Invirtiendo un mínimo esfuerzo en comprender y contrastar la información que brota de los medios, es fácil apreciar un buen número de desaciertos. Desde simples faltas ortográficas o de pronunciación, hasta dislates de dimensiones inconcebibles. Los fallos por incompetencia no suelen acarrear consecuencias graves aunque, a veces, consiguen desfigurar por completo el mensaje, generando problemas de diversa índole. Afortunadamente, los responsables de los medios suelen corregir los errores de bulto con celeridad, lo cual es de agradecer.
La negligencia se origina de 2 maneras: por la poca profesionalidad del emisor o por la urgencia que requiere dar la noticia antes que la competencia. En realidad, una imprecisión por exceso de premura informativa es una falta de profesionalidad evidente. No obstante, se ha creído conveniente desgranar una de otra por la justificación económica que tienen aquellos errores debidos al apremio en "dar informaciones calientes". Es lógico pensar que un ligero retraso en la difusión de las noticias importantes puede acarrear serias desventajas para los medios rezagados. Aparece pues, un cierto conflicto entre asegurar la fiabilidad de la noticia y satisfacer la necesidad del consumidor. Esta situación especial no se da en los otros equívocos derivados de la falta de profesionalidad. En ellos, la exculpación no suele tener tanto peso, si es que tiene alguno distinto del de la falibilidad humana. Estudiaremos cada caso en profundidad:
A. Negligencia por falta de profesionalidad
Es muy posible que sea la más abundante desde un punto de vista cuantitativo y se debe a una gran diversidad de factores relacionados con la incompetencia. Pueden localizarse en cualquier operación del procesamiento de la información. Entre estos, destacan:
a. Dedicación insuficiente
Aparece cuando el reportero acude al lugar de la noticia pero no permanece el tiempo necesario para recoger la información idónea. Este fenómeno se observa a menudo en las conferencias, congresos, etc., donde algunos profesionales permanecen en la sala durante escasos minutos. De este modo, es fácil que recopilen informaciones incompletas y/o poco fiables. En ocasiones, los interfectos ni siquiera entran en la sala. Sólo preguntan a los asistentes o toman datos de algunos folletos y carteles con tal de no entrar a escuchar a los ponentes. Son notorios los casos sangrantes en los que se comentaron con pelos y señales eventos inexistentes, ya que fueron suspendidos a los pocos minutos de su inicio.
b. Elección errónea de la fuente informativa
En muchos casos no hay una amplia gama de opciones de donde tomar la información, como ocurre con las agencias de noticias, que son limitadas en número. En otras ocasiones, los periodistas tienen acceso nulo o restringido al origen la noticia, lo que les obliga a conformarse con una información de 2ª mano. Sin embargo, es muy frecuente que escojan una fuente inapropiada que podría haberse evitado: un individuo -grupo u organismo- inexperto en la cuestión; una fuente tendenciosa que no identificaron como tal; una fuente más accesible pero de peor calidad, etc.
c. Incomprensión de la información
Se debe a que el profesional se enfrenta a un tema que escapa a sus conocimientos. Cuando esto ocurre, es posible que plasme la noticia de forma somera y/o plagada de errores. Este tipo de negligencia es típica en aquellos asuntos que requieren cierta especialización. Por ejemplo, en los de carácter científico.
d. Fallos memorísticos
Se originan cuando la noticia no es tomada íntegramente de la fuente, sino que se extracta y completa en otro lugar. Si no se ha captado o plasmado con acierto y la memoria no acompaña, es posible que se desvirtúe la esencia del mensaje. La incompetencia por retención inadecuada ha ocasionado conflictos bastante graves y motivado que no pocos personajes de interés público se nieguen a conceder entrevistas a reporteros que no estén acompañados de sistemas de grabación.
e. Razonamientos anómalos
Surgen al redactar la información obtenida y a menudo son difíciles de detectar incluso para los supervisores, pues no es raro que adopten un aspecto bastante coherente. Sus peores consecuencias son que conducen a conclusiones falsas y que pueden inducir a que se presuponga un acto de mala fe por parte del informador. A continuación se exponen 2 ejemplos ilustrativos:
El 1º hace referencia a un texto mal cohesionado, expuesto por R. G. Damborenea a título de desenmascarar un error argumental. Es el siguiente:
"No se puede decir que los sacerdotes católicos carezcan de responsabilidad en la guerrilla nicaragüense. Todos los revolucionarios de la región son católicos, como los sacerdotes. Es muy probable y más que probable que los sacerdotes sean revolucionarios marxistas, por los que no se les puede considerar inocentes en este conflicto".
A simple vista parece un argumento sólido, pero el error queda al descubierto al desgranarse las premisas de la conclusión:
Premisa 1ª: "Todos los revolucionarios de la región son católicos".
Premisa 2ª: "Todos los sacerdotes de la región son católicos".
Conclusión: "Luego, todos los sacerdotes de la región son revolucionarios".
El fracaso argumentativo radica en que la conclusión no se obtiene de las premisas, pues la 1ª no hace alusión a los sacerdotes. Pese a ello, se emplea para sustentar una conclusión torpe, al ser evidente que entre los católicos habrá revolucionarios y no revolucionarios. Además, el subconjunto católico sacerdotal no tiene por qué coincidir con el subconjunto católico revolucionario.
El 2º ejemplo muestra un razonamiento anómalo más fácil de detectar. En éste sólo hay una premisa, la cual no avala la conclusión del argumento, veámoslo:
"Desde que se instaló la central nuclear a orillas del río, su biodiversidad ha descendido un 30%. Es obvio que el agua procedente del sistema de refrigeración se está vertiendo a una temperatura superior a la legalmente permitida".
En este caso, se atribuye una ilegalidad a la central de forma gratuita. Por si fuera poco, se afirma -sin venir a cuento- que dicha irregularidad es la causa de que merme la biodiversidad del río. El error está en confundir relación con causalidad. Por desgracia, esta modalidad de razonamiento erróneo es bastante común en los medios, a pesar de su escasa dificultad para evidenciarla.
La orquestación de argumentos a partir de razonamientos espurios procede a menudo de los prejuicios, lo cual implica que, en cierta medida, muchos puedan considerarse actos de manipulación involuntarios.
f. Fallos en la supervisión y corrección
En los grandes medios de comunicación, la culpa de una negligencia no debe recaer siempre en el autor de la misma pues debería tener por encima a alguien que se haga cargo de su corrección. En ocasiones el supervisor teme enmendar al articulista u orador, o bien deposita una confianza ciega en él. Otras veces, sencillamente no revisa el escrito, ya sea por falta de tiempo, pereza, etc. Ahora bien, no hay que descartar que el remedio sea peor que la enfermedad. Es decir, que su corrección empeore -o no mejore- la situación.
g. Otras actuaciones negligentes
Son muy diversas por lo que enumerarlas todas superaría los objetivos del artículo. Destacan: captación del mensaje en una situación inapropiada (ruido de fondo, mala visibilidad, etc.), faltas ortográficas independientes del reportero, emisión de imágenes que no se corresponden con la información oral o escrita, problemas en la recepción audiovisual, etc.
B. Negligencia por premura informativa
El ansia por dar la última noticia antes que la competencia es una de las principales causas de errores involuntarios. Por ejemplo, al elegir una fuente de peor calidad, no contrastar informaciones, intentar cubrir demasiados eventos en poco tiempo, hacer una revisión ortográfica apresurada, etc. Hay noticias erradas en las que puede alegarse cierta justificación económica (ya comentada) pero en otras, dicha exculpación no es admisible. ¿La razón?, que la noticia ha quedado tan deformada que hubiera sido preferible abstenerse de publicarla, pues es imposible extraer conclusiones válidas del mensaje.
En la siguiente parte se continuará con la manipulación informativa, un aspecto más complejo y polémico que la simple negligencia.
25/07/2006
La información insalubre II: iniciándose en la manipulación

En esta parte se abordarán los principales tipos de manipulación ilustradas con algunos ejemplos.
2. TIPOLOGÍA DE LA INFORMACIÓN INSALUBRE
2.1. Problemática informativa con responsabilidad identificable
2.1.2 Manipulación
Aunque la negligencia es más abundante en los "mass media" de los países democráticos, los efectos de la manipulación resultan más devastadores para las mentes de sus habitantes.
Thomas Jefferson, tercer presidente de Estados Unidos, escribió en su "Proyecto de ley sobre libertad religiosa en Virginia": "la verdad es grande y prevalecerá si queda librada a sí misma. Es el antagonista adecuado y suficiente del error, y nada tiene que temer en el conflicto con él si no es despojada por interposición humana de sus armas naturales: la libre argumentación y el debate". La confianza que el liberal Jefferson depositó en la verdad es digna de elogio. Por desgracia, no parece haber tomado en consideración a Aristófanes. En su incisiva obra, "Las nubes", dicho autor ilustra la situación en que un argumento perverso y/o irracional puede triunfar sobre otro con pretensión de verdad, algo que los sofistas conocían muy bien. Y es que a menudo, la efectividad de un argumento depende más de la presentación del emisor y de la capacidad crítica del receptor, que de la veracidad de su contenido. Esta degeneración subjetivista de la retórica también fue advertida -entre otros- por Sócrates. En el "Gorgias" de Platón, afirmó que "o la retórica va dirigida a los ignorantes y es extraña a la verdad, o se inspira en la verdad y es peligrosa si se deja en manos de cualquiera". Se hace evidente, pues, que la manipulación de la información no es algo nuevo. Es posible que su origen esté próximo a la aparición de un lenguaje medianamente complejo. Éste, permitiría al hombre primitivo extraer información de las experiencias de terceros sin tener que observarles, lo cual aumentaría sus probabilidades de supervivencia. Ahora bien, el regalo contenía un inconveniente: la puerta a un mundo nuevo de embelecos. Así, mientras el conocimiento fue perfeccionándose, la capacidad del ser humano para crear ilusiones no se quedó rezagada sino que le acompañó en su paso por la Historia. Durante dicho viaje, se nutrió del conocimiento para ir ganando en eficacia. Ya en los últimos siglos, las principales características que diferencian a la manipulación informativa son su sofisticación y su presencia ubicua.
El estudio de dicha manipulación es complejo, por lo que se hace imperativo adoptar una definición convencional de la misma. El diccionario de la RAE la define como el acto de "intervenir con medios hábiles y, a veces arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares". De aquí se desprenden varias conclusiones:
1ª. La manipulación implica un acto de persuasión.
2ª. Incluye la seducción en su vertiente más peyorativa, o sea, la del engaño.
3ª. Está al servicio de los intereses de unos pocos.
Conviene resaltar las 2 primeras porque muestran la verdadera naturaleza de la manipulación: la existencia conjunta de la persuasión y el engaño. La manipulación no es una mera persuasión aristotélica ya que, según Aristóteles, ésta última no lleva aparejada una connotación negativa. Su finalidad es la búsqueda intencionada de la adhesión racional y consciente del receptor. En esencia, la persuasión que propone constituye el corazón mismo de la retórica sana. No así de la sofista, donde es más importante la victoria dialéctica que la búsqueda de la verdad.
Por otro lado, no debe olvidarse que la manipulación sirve a intereses particulares, ya sean gobiernos, ciudadanos aislados o grupos de poder de toda índole. Es decir, esparcir un rumor sin ánimo de beneficio no se consideraría un acto manipulador al carecer de intencionalidad fáctica. Ahora bien, el pretendido beneficio no tiene por qué ser tangible. Simplemente, pretender que otro piense como nosotros haciendo uso del engaño taimado es una manipulación. El motivo es la presencia de un interés psicológico de fondo que podría traducirse en una acción futura.
Sin más dilación, se comentarán las técnicas de persuasión sofista más corrientes, que constituyen lo que se conoce como "desinformación". Con ella se pretende silenciar o manipular la verdad, haciendo un uso malintencionado de la libertad de expresión.
A grandes rasgos, se diferencian 3 estrategias desinformativas: retórica perversa, argucias audiovisuales y un cajón de sastre que denominaremos "otras técnicas".
A. Retórica perversa
Incluye métodos muy variados para materializar una argumentación que compensa su fragilidad con unas maneras pérfidas, más orientadas a una adhesión instintiva que a la reflexión.
a. Satanización (demonización)
Consiste en un ataque feroz al adversario, acusándole de un problema, inmoralidad, acción indebida, etc., con independencia de que sean ciertos o falsos. Cuando se trata de denunciar alguna injusticia, la satanización puede resultar provechosa y necesaria. Su carga negativa aparece al pretender desprestigiar al adversario a toda costa, promoviendo el odio hacia él e impidiendo un análisis imparcial de sus argumentos. Es muy frecuente que contenga la falacia ad hominem, la ironía, frases de gran calado, etc. Unas satanizaciones típicas son aquellas en las que se califica a un demócrata de ideología opuesta de estalinista, fascista o nacionalsocialista. Con ello, se le hace partícipe indirecto de los genocidios cometidos por estos regímenes totalitarios. En caso de que fuera poco dialogante se le podría haber tildado de autoritario, término más apropiado y de menor carga demonizadora.
b. Iteración maligna
Es la repetición de una "consigna" hasta la saciedad para que quede grabada en la mente del receptor. Suele ser independiente de cualquier razonamiento y, a veces, incluso lo evita, pues sólo busca la adhesión irracional. Aquello que se itera puede ser un anhelo (el famoso "Ein Volk, ein Reich, ein Führer" hitleriano), una certeza (la letanía de "sin gastos ni comisiones" que puede dificultar la búsqueda de mayores rentabilidades) o una falsedad (cuando se dice que la cooperación o el egoísmo -separadamente- surgen del orden social natural o espontáneo). Esto último suele ser lo más grave por el riesgo de que ciertos aspectos de la realidad se distorsionen por completo. La utilidad de iterar falsedades con alevosía ya la mencionó J. Goebbels en su diario: "afirma una mentira 100 veces y al cabo todo el mundo la creerá como un hecho fidedigno". La aplicación práctica de repeticiones malignas se hace muy patente en los eslóganes políticos y publicitarios, en las liturgias religiosas, etc. Es una técnica muy simple y efectiva de manipulación, mucho más peligrosa de lo que parece a simple vista.
c. Abuso del argumento de autoridad
Durante un debate o exposición, apelar a las razones de una autoridad es perfectamente legítimo. Ahora bien, es necesario que sus ideas sean verificables y/o contrastables, y que la autoridad sea competente desde un punto de vista intelectual. El argumento de autoridad no debe usarse a menudo y sólo cuando su verificación suponga una demora excesiva o una desvirtuación del objeto a tratar. Hay que tener un cuidado especial cuando la autoridad es incompetente, por ser inexperto en el tema, un necio, un orate o un farsante. El argumento procedente de una autoridad impertinente puede resultar de lo más nocivo para la sociedad y el conocimiento en general. Dos paradigmas de las consecuencias desastrosas del argumento de autoridad se hicieron tangibles en la Unión Soviética y en la Alemania nazi. En el 1º, la visión absurda sobre la selección artificial que tenía T. D. Lissenko, contribuyó de manera notable a las terribles hambrunas soviéticas. J. Monod puso de relieve lo inaudito del caso al escribir: "que un charlatán autodidacta y fanático haya dispuesto en su país, a mediados del siglo XX, de todos los medios del poder para imponer en biología una teoría inepta y en agricultura unas prácticas ineficaces, cuando no catastróficas; que este iluminado llegara a lanzar una censura oficial sobre la enseñanza y la práctica de una de las disciplinas biológicas fundamentales, la genética, es algo que sobrepasa la imaginación". En mi modesta opinión, Monod se quedó corto.
En el 2º paradigma, destaca el liderazgo del programa nuclear alemán por W. K. Heisenberg, que fue uno de los factores más decisivos en la derrota del Eje. No obstante, el fallo de dicho científico en la dirección del programa atómico nazi es más disculpable ya que -quizás- salvó muchas vidas; además, ni que decir tiene que la capacidad científica de Heisenberg era infinitamente superior a la de Lissenko.
d. Particularización
Consiste en ampararse en casos aislados -a veces fuera de contexto- para desmantelar una idea que, en términos generales, es cierta. La menguante polémica sobre la peligrosidad de los alimentos transgénicos para la salud humana es una manipulación de este tipo. Es cierto que algunos roedores han muerto al ingerir determinados alimentos transgénicos en elevadas cantidades y que no son inocuos al 100% (como sucede con cualquier comestible). Sin embargo, su riesgo no es superior al de otros alimentos que se están comercializando con total naturalidad. De hecho, se someten a controles, ensayos toxicológicos e investigaciones más exhaustivas que los restantes nuevos alimentos. En estos, su proceso de fabricación no está sometido a una supervisión especial tan intensa y -muy a menudo- carecen de cualquier tipo de aval científico. Por desgracia, el miedo a los avances genéticos unido a ciertos intereses económicos injustificables, han golpeado con dureza a los productores de este tipo de alimentos.
e. Eufemismos
Se emplean para quitar hiero a un asunto en el que no interesa que el receptor tome conciencia de su gravedad. Es muy común en las informaciones de guerra, ya que no conviene que la acción de combate carezca de soporte popular. Resulta vergonzoso el abuso de la expresión "daños colaterales" por parte de los altos mandos del ejército estadounidense al referirse a las víctimas inocentes en guerras, como la de Vietnam, la de Afganistán o las dos de Irak. Otro ejemplo sangrante de eufemismo es el de las llamadas "mujeres de solaz" del ejército japonés durante la II Guerra Mundial. Dichas "mujeres" no eran otra cosa que niñas y jóvenes procedentes de Filipinas, Tailandia, Vietnam, Malasia, China, Corea, Japón, Indonesia y otros territorios ocupados por el ejército nipón, secuestradas y utilizadas como esclavas sexuales en contra de su voluntad. Muchas de ellas mutiladas, torturadas y/o asesinadas.
El eufemismo tiene un efecto muy pernicioso sobre la mente del receptor, pues distorsiona su concepto de justicia y le vuelve insensible a las atrocidades.
f. Terminología difusa
Algunas palabras como "libertad", "grandeza", "igualdad" y "honor", entre otras, tienen un intenso contenido emocional pero poca utilidad racional si carecen de un contexto de aplicación apropiado. Resulta curioso que unos términos que evocan valores humanos positivos sean de uso común entre los dirigentes totalitarios para aferrarse al poder. Basta con establecer unos límites o un marco enfermizo para que justifiquen los actos más detestables.
g. Exageración y simplificación
Suele referirse a las bondades propias y/o a los fallos del adversario, aunque abarca un repertorio muy diverso. En cualquier caso, lo que se busca es una aceptación fanática con la menor discusión posible. En ocasiones se desvirtúa por completo la argumentación, engendrándose una idea falsa en extremo. Por ejemplo, al afirmar que "la droga mata", se está sometiendo a todas las drogas a un mismo rasero arbitrario pues algunas son casi inocuas, otras conllevan un mayor o menor riesgo y las hay que incluso pueden ser muy beneficiosas. Además, se ignoran otros parámetros como la dosis, el ambiente, la finalidad de consumo, la sensibilidad individual, etc.
h. Redefinición
Consiste en cambiar el significado de palabras o ideas para generar una ilusión de coherencia. Un ejemplo de redefinición famosa es la "Revolución Cultural" de Mao, cuya pretensión era aplastar todo tipo de culturas ajenas al régimen con el fin de implantar la suya. Por supuesto, llevándose por delante personas, monumentos, libros, manuscritos, etc. Es decir, más que una revolución cultural consistió en un exterminio de la cultura.
i. Revisionismo histórico
Busca transformar hechos pasados para garantizar una supremacía moral, intelectual, etc. sobre el adversario y/o sobre el pueblo. De este modo, manipulando el pasado se adquiere un mayor control del presente y del futuro inmediato. El revisionismo histórico ha acompañado al hombre desde tiempos inmemoriales. Ya en el Antiguo Egipto muchos faraones tenían la (mala) costumbre de borrar los nombres de sus predecesores en los cartuchos para grabar los suyos. Así, se proclamaban autores de grandes monumentos y gestas, favoritos de los dioses, etc. Las modalidades de esta técnica incluyen el estudio parcial de acontecimientos, su ocultación, la destrucción de pruebas, silenciar testigos molestos, etc. A corto plazo suele ser efectivo pero, a la larga, la farsa cae por su propio peso.
j. Oscurecimiento
Se emplean expresiones sibilinas y ambiguas que no obedecen a una correcta definición argumental, sino a confundir al receptor, permitirle elaborar interpretaciones contradictorias, etc. A simple vista, se puede confundir con la llamada "terminología difusa". La diferencia estriba en que ésta hace uso de vocablos generales con evocación positiva para el receptor. En cambio, el oscurecimiento no busca tanto una adhesión como la inoperancia del receptor o el "hablar sin decir nada" para "no pillarse los dedos". Suele hacer acto de presencia en mítines electorales, declaraciones de interés financiero, anuncios publicitarios, etc.
k. Terminología disuasoria
Es aquella que dificulta la consideración de otras posibilidades. Alude a palabras que conducen al pensamiento unidireccional, reforzando innecesariamente la idea principal. Algunos ejemplos son las expresiones: "lo vi con mis propios ojos", "adhesión inquebrantable", "totalmente lleno", etc. Este uso perverso del pleonasmo y del refuerzo viciado ya fue denunciado por N. Chomsky.
l. Perversión científica
Es muy utilizada para conferir carácter científico a un texto que carece de él, o bien para distorsionar el carácter científico de uno que ya lo poseía. Esta ignominia tiene múltiples facetas: selección discrecional de artículos; estadísticas no concluyentes y/o interpretación errónea de las mismas; manejo de datos absolutos o relativos, según convenga; abuso de terminología especializada, etc.
Imagen: Napoleón Bonaparte, pionero en el dudoso arte de la manipulación informativa y hábil estructurador de la información.

